Estamos en 1982, los Clash actúan en el Shea Stadium de Nueva York ante miles de personas. Si a mediados de los 70 a Mick Jones, Joe Strummer y compañía les hubieran dicho que iban a llegar tan lejos no se lo creerían. Atrás quedaron los viejos tiempos de The 101'ers y London SS, una época rebosante de ingenuidad, comunas "squatters" en el corazón de Londres y mucha música. Folk y Rock and Roll clásico, pero también proto punk directo a la vena (MC5, Stooges, Deviants), y en el medio de todo ese vaivén, el Pub Rock tan en boga en 1975.
Los Clash fueron de los grupos más longevos de su generación, mientras que muchos de los grupos punk que surgieron como una exhalación se quemaron con la misma rapidez que una moda pasajera, Los Clash crecieron y experimentaron con diversas texturas musicales. Fueron grandes, incluso sus momentos más bajos son enormemente disfrutables, siempre con esa impronta tan personal que les hace únicos. The Clash grabaron un puñado de discos que cambiaron el curso de la música, fueron comprometidos, vibrantes y siempre arriesgados. La magia duró de 1976 a 1986, pero según algunos tuvieron que haberlo dejado antes. Quizás en sus últimos años fueran engullidos por los conflictos internos y personales, pero sobre todo por su propio éxito. Aún así su carrera fue brillante como pocas.
Volviendo a aquél 12 de octubre de 1982, The Clash compartieron cartel con David JohansenNew York Dolls) y The Who. En el mismo día coincidían 3 de los máximos exponentes de la música Punk en distintas épocas. The Who hacia mediados de los 60 arrasaron el sistema a golpe de feedback y melodía, New York Dolls a principios de los 70 aportaron maquillaje y guitarras asesinas y The Clash en la segunda mitad de los 70 pasión y compromiso. Aquél día los Clash se jugaban mucho, conscientes del numeroso publico, guapos y famosos incluidos, tenían que salir a por todas. Probablemente estuvieran nerviosos, se jugaban su prestigio al otro lado del Atlántico y debían apartar sus diferencias y fricciones internas, sencillamente tenían que funcionar de nuevo como una banda unida, y vaya si lo consiguieron.
Tras la introducción de Kosmo Vinyl, Joe Strummer suelta un "Welcome to the Casbah club", y a partir de ahí el grupo arroja un tema tras otro como si el tiempo no hubiera pasado, como en los viejos tiempos pero con la experiencia que da los años. El repertorio fue de lo más acertado, se trata de una generosa selección de algunos de sus mejores temas desperdigados por todos sus discos. Abren con un incendiario "London Calling" que es pura anfetamina a punto de explotar, Strummer presenta a Mick Jones para cantar "Police on my back", el estadio se viene abajo en una ovación única. Paul Simonon relaja los ánimos con los aires reggae de la fantástica "Guns of Brixton". De nuevo Joe Strummer se arranca con "Tommy gun", un single perfecto con categoría de himno. Quién piense que el rap y el hip-hop son incompatibles con el Punk-Rock ahí está "Magnificent seven" para rebatirlo, que empalma con un brillante "Armagideon time" de ascendencia Reggae.
Le damos la vuelta al disco y nos encontramos con "Rock the Casbah", un digno ejemplo de lo que debería ser la música disco según los Clash. A partir de ese momento la temperatura sube tema a tema y minuto a minuto hasta el final. "Train in vain" es el maravilloso tema oculto de "London Calling", que curiosamente es el de más proyección comercial; canta Mick Jones, y como no podía ser de otra manera la banda suena como un cañón pero sin perder los matices originales de la obra de estudio. "Career of oportunities" regresa a los tiempos del glorioso primer disco, con una versión convincente y llena de mala uva, donde pagan la deuda a los Ramones. "Spanish boms" de "London Calling" la odié la primera que la escuché, pero con el tiempo me fue atrapando, y la versión aquí interpretada no es ninguna broma, las guitarras crujen y al grupo se le nota que se mete de lleno en el tema. "Clampdown" pertenece de nuevo a su disco más celebrado ("London Calling"), y añade textura punk a toda esa fantástica colección de canciones. La versión presente es simplemente fantástica y queda propulsada por un comunicativo Joe Strummer. "English civil war" es otro encabritado himno punk incluido en su segundo álbum, y volviendo al estadio Shea, el grupo lo resucita de entre los muertos gracias al buen hacer de Mick Jones como guitarrista solista. Para concluir The Clash cierran con ese rompe-pistas cervecero que es "Should i stay should i go", con Jones y Strummer repartiendo "versos" y guitarrazos a diestro y siniestro, y de despedida, que mejor que hacerlo con "I fought the law", de ese chico tejano muerto en los 60 en extrañas circunstancias llamado Bobby Fuller, y como no, la versión aquí incluida no tiene fisuras, con ese respeto por el Rock and Roll clásico y esa clase innata que posee de la banda, y nunca mejor dicho.
"Police on my back" uno de los momentos iniciales y mejores del álbum
sábado 7 de noviembre de 2009
The Clash, "At Shea stadium"
jueves 22 de octubre de 2009
NRBQ, "Ridin' in my car"
NRBQ es uno de esos grupos al que tengo un cariño especial. Detrás de un grupo de culto seudo minoritario se esconden unos gigantes admirados por gente como Dylan, Paul McCartney o Keith Richards. Pero eso es lo de menos, lo importante son sus discos, cada uno de ellos una pequeña obra maestra del gran libro del Rock and Roll. Son discos que ganan enteros con el tiempo, con esa excepcional heterogeneidad y mestizaje característico. En sus discos cabe de todo: Country, Blues, Rock and Roll, Beatles, Sun Ra y cualquier estilo que se te pueda ocurrir, simplemente lo absorben todo para construir algo propio y original
Dice la leyenda que en los conciertos son capaces de tocar cualquier canción que se les pida y salir siempre bien del paso, nunca tienen una lista de canciones fija, es más, ni siquiera tienen lista, lo suyo simplemente es tocar y tocar. Los NRBQ son geniales, desde 1967, aunque sea en la sombra, llevan extendiendo su genialidad por el mundo en forma de pequeñas grandes canciones y discos maravillosos.
Discos como Scraps, Workshop, All Hopped Up o At Yankee Stadium los llevo en el corazón, pero si tuviera que elegir una canción suya me quedaría con “Ridin’ in my car”. Es “la canción”, simplemente perfecta, todos los detalles son una delicia: percusión, arpegios y el magistral solo de guitarra, la voz solista y los preciosos coros, y ese tímido teclado que llena de belleza hasta el rincón más oculto de la canción, y todo sin sonar ampulosos, no hay secretos, simplemente pura maestría y esa capacidad imnata, al alcance de muy pocos, de dar con la canción perfecta.
Gracias a Terry Adams y sus muchachos por los excelentes momentos que nos hacen pasar con sus discos, y recuerdos especiales a Steve Ferguson, tremendo guitarrista original de la banda que por desgracia ya no está entre nosotros.
martes 1 de septiembre de 2009
Chuck Berry, "After School Session"
Chuck Berry es de los pocos mitos vivientes del Rock and Roll, y sin miedo a pillarse los dedos, se puede afirmar que ha sido de los intérpretes y guitarristas más influyentes de todos los tiempos. Que más da que algunos digan que siempre escribe la misma canción, o reproduzca el mismo solo de guitarra una y otra vez. Chuck Berry es un pionero, creador único y un gran compositor de canciones, quizás de los mejores. Prácticamente cualquiera que haya estado en una banda de Rock and Roll ha tocado sus canciones, la lista es enorme: Stones, Beatles, Hendrix, Dave Edmunds, Flamin' Groovies, Elvis, Buddy Holly y cientos más.
A pesar de la enorme influencia, y la exitosa carrera de Berry (en los años 50 y 60 basicamente), sus discos no son fáciles de encontrar (especialmente en formato LP), y no será porque sean malos, todo lo contrario, los trabajos de Chuck Berry, por lo general, son auténticas obras maestras que no se reducen a sus canciones más conocidas de siempre, son discos excitantes, divertidos, nacidos para disfrutar y muy variados estilísticamente, pero siempre con esa impronta personal tan característica.
Por fortuna, recientemente ha surgido un sello discográfico llamado Doxy Records, centrado en reediciones de clásicos de Jazz, pero también de Rock and Roll. Hasta el momento han publicado referencias de Buddy Holly, Bill Haley, Little Richard, Eddie Cochran, Everly Brothers y por supuesto Chuck Berry. El sonido de los discos es espectacular, además se respeta el diseño de portada original, y lo más importante, están editados en glorioso vinilo con un prensaje como es debido. El disco de Berry en cuestión es “After School Session”, ni más ni menos que su primer LP publicado en Chess records en 1957. En realidad es un disco recopilatorio de temas grabados entre 1955 y 1957 con la crema y nata de músicos de Blues de Chicago: Willie Dixon, Otis Spann, Jimmy Rodgers o Johnny Johnson son algunos de los protagonistas.
La reedición no contiene extras ni añadidos, ni falta que hace, los doce temas originales son suficientes para hacerte vibrar durante poco más de media hora. La ecuación del talento de Chuck Berry se resuelve por si sola gracias a definitivas canciones de Rock and Roll clásico (“Schoolday”, “Too much monkey business” o “Brown eyed handsome man”), poderosos instrumentales de Rhythm and Blues (demoledor “Roly Poly”, escalofriante “Deep feeling” y elegante “Berry pickin'”); y el Blues, como no, el Blues siempre está presente, unas veces de manera más ortodoxa, como en “Wee wee hours” con el majestuoso piano de Johnny Johnson de acompañamiento, o en “No money down” con el clásico riff prestado de “Hoochie coochie man”. También hay afortunadas baladas Pop (“Together we will always be” y “Drifting heart”), e incluso el bueno de Chuck se lo pasa en grande jugueteando con el Calypso latino de “Havana moon”, por no hablar de “Down bound train”, con esa tensión contenida que atraviesa la columna vertebral como una descarga eléctrica del alto voltaje. Simplemente la reedición del año.
"Down bound train", una joya oculta recuperada por los Nomads a mediados de los 80.
