jueves, 18 de febrero de 2010

The Lafayettes, "Life's too short"

En 1962 un joven Bob Dylan debutaba a lo grande convirtiéndose sin pretenderlo en portavoz generacional. Unos pocos años atrás tomó la decisión de dar a su música un tono más "adulto", que sus letras tuvieran otro significado más allá de "chico busca a chica", o de "pasar un buen rato", y no es que rechazara a los clásicos del Rock and Roll, todo lo contrario, Bob Dylan admiraba a Little Richard o Chuck Berry, simplemente quiso dar un paso más allá, a partir de la música de raíces construyó su propio universo y disco a disco fue evolucionando, y con los años cambió el curso de la música popular.

Antes de Dylan y de que el Rock and Roll se hiciera mayor, en Estados Unidos entre 1954 y 1963, más o menos hasta la invasión británica, la escena comercial estaba dominada por canciones de autores de un solo éxito, que con la misma rapidez que ascendían a las listas desaparecían. Rhythm and Blues, Doo Wop, baladas, imitadores de
Elvis, cantantes melódicos, instrumentales e incluso proto Garage eran algunos de los estilos dominantes de la época. Eran canciones editadas en su mayoría por pequeños sellos independientes destinadas al consumo juvenil, para bailar en las fiestas, para divertirse, y en definitiva evadirse de los problemas diarios. A pesar de la falta de pretensión artística, muchos de estos temas escuchados en la actualidad siguen conservando toda su energía e inocencia. Quizás el secreto esté en su inagotable sencillez y ausencia de artificio.

Hace unos años, desde 1991 para ser exactos, el sello británico Ace Records publicó diez CD's recopilatorios titulados "The Golden Age of American Rock and Roll", que hacen un barrido del período americano 1954-1963, dominado por los "artistas de un solo éxito" de una manera admirable, recuperando algún tema muy conocido, pero sobre todo rescatando un montón de canciones perdidas en el tiempo, algunas de las cuales podrían calificarse como auténticas joyas atemporales de la música Pop en toda su extensión. A pesar de todo, el común denominador de esta tremenda colección de discos compactos es que en su día todas la canciones incluidas alcanzaron algún puesto en las listas de éxitos americanas y/o británicas. Sin duda eran buenos tiempos para la música, en una época donde las palabras "calidad" y "ventas" no estaban reñidas.

"Life's too short" de The Lafayettes quizás sea una de mis canciones favoritas de este período. Es un tema de 1962 que en su día alcanzó un digno puesto 87 en las listas de éxitos americanas. Del grupo poco se sabe, tan solo sacaron dos singles y al poco desaparecieron, quizás debido al asesinato de su bajista en 1963. En 1988 la divertida película "Hairspray" del irreverente John Waters, recuperó el tema para su banda sonora dándolo a conocer al público de una forma más amplia. La historia de The Lafayettes es la de un grupo inconcluso, que aunque no tuvieron tiempo de desarrollarse artísticamente, este "Life's too short" les elevó a los altares del pop más exquisito. Todas la piezas encajan perfectamente: producción, arreglos, voces, instrumentación (la percusión roza la perfección) y sobre todo una interpretación sobrecogedora y apasionada, que convierte una letra de lo más tópica en pura poesía de Rock and Roll. "Life's too short" tampoco encaja en un estilo concreto, tiene mucho de Pop y de Doo Wop, pero también un potente y delicado sabor a Soul.

Volviendo a Bob Dylan y a su forma de entender la música, aunque sus canciones no encajan en el patrón Pop de 2 minutos, no hay nada que echarle en cara, al fin y al cabo con sus excelentes últimos trabajos ha vuelto a la desnudez de las raíces del Rock and Roll, ejerce como especial DJ invitado en un programa radiofónico en el que pincha muchas de estas antiguas canciones, y sobre todo en una ocasión dijo de
Smokey Robinson, compositor e intérprete conocido por sus éxitos en Motown, que era "El poeta vivo más grande de Estados Unidos".

"Life's too short" no de deja indiferente:


lunes, 8 de febrero de 2010

The Count Bishops, "Speedball"

El Pub Rock para mi es uno de los movimientos musicales más excitantes y sinceros que han existido, no había nada fingido en ello, independientemente de poses y modas, los grupos que formaron parte de ese movimiento en sus inicios, no tenían ninguna pretensión más allá de tocar y pasar un buen rato. Fueron ellos, antes que los Punks, los que devolvieron la inocencia al Rock and Roll en una época de acartonadas estrellas y rock de estadio.

Ellos fueron la respuesta a una escena tremendamente aburrida dominada por los grupos de rock progresivo y sinfónico tan populares en la época. Corrían principios de los 70 en
Inglaterra, y en muy poco tiempo surgieron un montón de bandas entusiasmadas por el catálogo de grupos y solistas de color de sellos como Chess, Stax, Motown o Excello, pero también compatriotas suyos de los 60 fueron una fuerte fuente de inspiración. Resumiendo, en la primera mitad de los 70 no era nada raro encontrarse en los numerosos Pubs del país, pequeños grupos tocando música inspirada en Muddy Waters, Chuck Berry, Slim Harpo o Bo Diddley, pero también en los Who, Pretty Things, Kinks o Rolling Stones, con la única idea de divertirse, beber gratis y quizás impresionar a alguna chica.

Nombres imprescindibles como
Nick Lowe, Elvis Costello, Graham Parker o el mal logrado Joe Strummer se curtieron en los Pubs de Inglaterra, sin olvidar a los esenciales Dr. Feelgood, toda una institución y debilidad personal, que convulsionaron las listas de éxitos del país a base de latigazos de Rhythm and Blues llenos de chulería y elegancia, o Eddie and the Hot Rods, hoy no muy populares pero con una discografía que habla por sí sola, que enlaza el High-Energy con certeros trallazos de Power-Pop, que mientras influyeron a los Punks el público se olvidó de ellos. Pero si hay un grupo que merezca mención especial, estos son The Count Bishops, surgidos en Londres en 1974, que al igual que Dr. Feelgood tocaban Rhythm and Blues, pero su visión era mucho más cafre, con un espíritu más próximo al Garage-Punk americano de los 60.

Los Count Bishops fueron la primera referencia de la discográfica londinense
Chiswick Records, imprescindible para entender el movimiento Pub-Rock, que entre 1975 y 1982 editó obras de Damned, Dr. Feelgood, los 101'ers de Joe Strummer, Radiators o Motorhead entre otros. Chiswick Records cerró sus puertas en 1982, pero su fundador Ted Carroll continuó en el negocio discográfico con Ace Records, sello dedicado a rescatar desconocidas joyas del pasado que hoy día, a pesar de la decadente industria discográfica generalista, se mantiene en un fabuloso estado de salud.

Volviendo a los Count Bishops,
"Speedball" es como se llama su primer trabajo. Se trata de un E.P. de cuatro canciones que gira a 45 revoluciones por minuto, a un ritmo endiablado y con una fuerza visionaria, que sin tan siquiera imaginarlo abrirían la brecha al movimiento Punk. En el año 1975, fecha de edición del E.P., Ted Carroll describía así al grupo:

"The Bishops son exactamente el tipo de banda que estábamos buscando cuando empezamos con este sello (Chiswick Records). Tienen la energía en estado bruto y la emoción perdida en la música de hoy. Sigo fascinado cuando pienso en la sesión de cinco horas en Pathway cuando la banda grabó trece fantásticas canciones, cuatro de las cuales están incluidas aquí. Después de escuchar este E.P. estoy seguro que estarás de acuerdo conmigo que mientras haya bandas como los COUNT BISHOPS cerca, el futuro del Rock and Roll estará seguro".

Con estas sinceras palabras, así presentaba Carroll a los Bishops, y no es para menos. El artilugio muestra en la portada a un grupo de cinco macarras en sus motos, con cara de pocos amigos, y debajo el título
"Speedball", que no se refiere precisamente a cierto explosivo combinado opiáceo, es mucho más que eso, se trata de un mortífero cóctel de Rhythm and Blues, cuatro temas ajenos tocados a ritmo frenético, repletos de un espíritu juvenil que transmite inconformismo y mucha mala leche, pero también son una patada directa a la entrepierna gracias a ese par de guitarras que apestan a Rhythm and Blues con toda la energía del Punk, y un tremendo y pendenciero cantante (Mike Spenser), que se merienda un tema tras otro poniendo toda la carne en el asador en nombre del Rock and Roll más directo. Da igual que solo haya versiones, sencillamente las hacen suyas como si sonaran por primera vez. Se meriendan "Route 66", un recorrido por la famosa Ruta Norteamericana en tan solo dos minutos y medio. Prenden fuego al clásico "I ain't got you" de Clarence Carter, más próxima. a los Yardbirds de Eric Clapton que a Jimmy Reed. En la otra cara inyectan a "Beautiful Delilah" de Chuck Berry velocidad y tensión sexual en una tremenda adaptación que no deja indiferente, y para terminar, la aplastante lectura de "Teenage Letter" te golpea de lleno con un clásico e insistente riff, que sugiere evasión y descontrol, más cercana a los Sorrows que a Big Joe Turner, pero en esencia con el mismo incendiario común denominador.

Veinte años después de la edición de
"Speedball", en 1995 Ace Records, como no podía ser de otra forma, editó una edición ampliada que contenía el E.P. al completo más once temas extras grabados en esa misma sesión de 1975, o por lo menos en esa época. Siguen con las versiones, escogidas con enorme buen gusto e interpretadas con el mismo nervio, pero a pesar de todo, los cuatro temas seleccionados para el E.P. original se llevan la palma.

En cuanto a la trayectoria de los Bishops, al poco tiempo la formación original se deshizo, el cantante
Mike Spenser fue expulsado del grupo, y continuaron grabando algunos discos, de los cuales "Count Bishops" de 1977 es realmente bueno, pero en esa época el Punk venía pegando muy fuerte, y por increíble que parezca, aunque los Bishops y demás grupos de Pub-Rock avivaron la llama del Punk, fueron injustamente olvidados y no tardaron en desaparecer o, en el mejor de los casos, adaptarse a los gustos de la época. Parece un triste final para este excitante movimiento, pero a pesar de los cambios de modas, el Rock and Roll con sabor a cerveza y olor a tugurio siempre perdurará mientras aún haya salas dispuestas a apoyar a los grupos y organizar conciertos.

Este artículo está dedicado al mal logrado
Zeon De Fleur.

La poderosa "Teenage letter" incluida en el E.P.


Una muestra de su poderío en directo, ya sin el cantante original

lunes, 1 de febrero de 2010

Roy Loney, "Fast and Loose"

Roy Loney, nacido en 1946, al contrario que otros de su generación, sigue "Rock and Rolleando" con la misma calenturienta intensidad de sus inicios. En sus más recientes grabaciones continúa haciendo gala de la misma frescura que a finales de los 60, cuando formó parte de los imprescindibles Flamin' Groovies, o posteriormente a finales de los 70, cuando inició su brillante etapa en solitario. El bueno de Roy tiene ya 64 años, pero nada ha cambiado, sigue haciendo lo que mejor sabe hacer, Rock and Roll de la vieja escuela, aquél que enseñaban maestros como Elvis, Robert Johnson, los Kinks, Chuck Berry, Buddy Holly, Don Gibson, MC5, Beatles o the Who.

Roy Loney fundó los
Flamin' Groovies en el San Francisco de 1965 (junto con Cyril Jordan), una de las bandas más infravaloradas que han existido, pero también más queridas por un nutrido grupo de fans. Los Flamin' Groovies eran pasión, emoción, nervio, pero sobre todo diversión, faceta que el Rock and Roll jamás debería perder; al fin y al cabo esto es solo música y estamos aquí para pasar un buen rato y olvidarnos de los problemas, al menos durante los 40 minutos que pueda durar un LP de los Groovies. "Sneakers", su primer mini lp autofinanciado, daba muestras de su grandeza, pero a partir de "Supersnazz" (1969) los Groovies se mostraron como una "rara avis" que revivían el Rock and Roll clásico, ajenos a la "contracultura" y las eternas "Jams". En 1970 los Groovies se dieron una vuelta por Detroit y volvieron a San Francisco con las espaldas bien cargadas de Rock and Roll inflamable que entonces practicaban MC5 y Stooges. Influidos por estos sonidos, parieron dos "criaturas" básicas; solo con citar "Flamingo" y "Teenage head" se me ponen los pelos como escarpias. Por cierto, estos dos álbumes han sido reeditados recientemente por Norton records, sello insensible al desaliento que lleva predicando la palabra de Esquerita y Hasil Adkins desde hace casi 25 años.

En 1972 Roy Loney abandonó a los Groovies en su mejor momento, pero no hay problema, por suerte el incombustible
Cyril Jordan (el otro Groovie mayor) continuó con el grupo al que dio un giro más Pop con resultados tan brillantes como la etapa Loney, pero eso ya es otra historia que algún día contaremos.

Los años pasan hasta 1978. Loney desempeña otros trabajos, pero como el maligno bicho del Rock and Roll le pica donde más le duele, decide retomar su carrera en solitario. Desde el imprescindible primer LP,
"Out after dark", acompañado por los Phantom Movers, con viejos miembros de los Groovies, pasando por su etapa con los Longshots, un super grupo de Seattle con gente de Young Fresh Fellows, hasta llegar a su reciente idilio con los donostierras Sr. No, con los que ha grabado un gran disco el año pasado, la carrera de Roy Loney no ha hecho más que seguir creciendo, sencillamente es soberbia, y salvo algún raro desliz, jamás ha dado un paso en falso. Hay una verdad universal, Roy Loney ha nacido para "Rock and Rollear" hasta el final, con unas ideas tan claras como insobornables.

Entre todo el tesoro que es la discografía de Roy, es difícil quedarse con un disco favorito, casi todos son sólidas obras que componen un trascendental "todo", y separar uno del resto sería inconcebible. Teniendo esto presente y puestos a "mojarse" y reivindicar algún disco suyo, en mi caso sería
"Fast and Loose" de 1983. Esta obra lleva años descatalogada y bien merecería una reedición en condiciones. En los trece temas que contiene el disco, la banda se desliza ágil y repta hasta la conciencia del oyente, y como quién no quiere la cosa estas canciones te inundan el alma de una extraña alegría y sensación de optimismo. "Fast and Loose" es dinámico Rock and Roll en el sentido más amplio del término; toca numerosos estilos de ascendencia clásica: veloz Rock and Roll con saltarines pianos, un precioso medio tiempo Country con aroma a Pop, se le escapa algún riff a lo Bo Diddley mezclando influencias latinas, tampoco se olvida del Rhythm and Blues de Nueva Orleans con sección de vientos incluida, e incluso en otro tema, se aproxima peligrosamente a Devo, pero en lugar de sintetizadores hay crujientes guitarras. En general el disco está más cercano al cálido Pub donde sirven cerveza fresca, que a los garajes con sus desbocadas guitarras. Por otra parte a Roy Loney siempre le ha encantado hacer versiones de temas ajenos en sus discos, y "Fast and Loose" no es ninguna excepción. Se merienda "Driving Wheel" de T-Bone Burnett, hace una nueva re lectura del "Teenage Head" de los Groovies, que aunque no es tan brillante como el original, resulta efectiva y convincente, y para despedirse que mejor que tocar un viejo tema del maestro, del único e irrepetible Chuck Berry, sin el cual nada de esto tendría sentido, ni Roy Loney, ni los Flamin' Groovies, ni los Stones ni nada de nada.

Quién nunca haya visto en directo a Roy Loney, la próxima semana tiene una oportunidad única, ya que nos visita acompañado de los incendiarios
Sr. No, y por si fuera poco, también se traen a los vibrantes Hi-Risers desde Rochester, o lo que es igual, una de las grandes bandas actuales de guitarras que tan pronto te tocan un tema de Rockabilly, Power-Pop, Surf o cualquier estilo que se les ponga por delante. En definitiva, estos conciertos son una cita ineludible que nadie se debería perder.

- Martes 9 de Febrero. Santiago. Sala Nasa. Aniversario A Reixa Bar.
- Miércoles 10 de Febrero. Madrid. Sala El Sol.
- Jueves 11 de Febrero. Donosti. Gazteszena.
- Viernes 12 de Febrero. Durango. Plateruena.
- Sábado 13 de Febrero. Barcelona. Sala [2] de Apolo. Fiesta Ruta 66.

Un par de muestras de
"Fast and Loose" para entrar en calor: "Slippin out the back" y "The mop flops"



lunes, 25 de enero de 2010

The Beasts of Bourbon


The Beasts of Bourbon siempre me han parecido un grupo fascinante. Desde que un amigo de mi ciudad (¡bien por Julio!) me pasó un doble LP titulado "From the Belly of the Beasts", su música me ha acompañado con frecuencia. Recuerdo perfectamente aquél momento, era 1993 y quedamos para intercambiar discos, ambos teníamos gustos comunes por la música más corrosiva y primitiva, y de repente me muestra ese disco de los Beasts of Bourbon, con su infame portada de tonos azulados en donde aparecía un tipo de cintura para abajo marcando bello púbico, que por lo menos tenía el decoro de ocultarnos sus atributos con una botella de whisky en la entrepierna. A simple vista, el disco me daba muy mal rollo, pero mi amigo insistió y a pesar de mis reservas me lo llevé. Llego a casa, lo pongo, y madre mía!!!, esos temas eran mortales de necesidad!!! Esos tíos eran capaces de cualquier cosa, de tocar cualquier estilo, desde Hard-Rock hasta conmovedoras baladas de precioso Country, eran una verdadera banda de Rock and Roll en cualquier sentido. Además su inquietante música tenía un lado chungo repleto de maldad, transpiraban peligro, desesperanza y mala leche. En definitiva, los Beasts of Bourbon, son y serán un grupo avocado a la segunda división de grupo de culto, aunque desde mi punto de vista sean de los grandes.

Desde entonces el mito de los Bourbon ha ido creciendo en mi alma a ritmo exponencial. El tiempo pasa hasta el 2005. Sin tiempo a pensarlo nos llega la noticia de que los Beasts of Bourbon se reúnen, y para más inri tocan en España en el Azkena Festival del 2005. Como uno se hace mayor, y el tema festivales da cada vez más pereza, obvia la cita. Según las "malas lenguas", para algunos, los Beasts of Bourbon fueron de lo mejor de esa edición del festival. La expectación crece y uno mantiene las esperanzas de verlos en una sala en condiciones tocando ellos solos. Llegamos al 2006, y sorpresa, los Bourbon hacen gira española y pasan por Madrid. Las expectativas de ver a esa tremenda banda en directo, que tanto me ha marcado, son muy altas. Por fin llega el día, y el concierto que ofrecieron en la madrileña sala Copérnico fue muchísimo mejor de lo esperado. Jamás lo olvidaré, aún me impresiona recordar a esos cinco tíos en el escenario: el imponente Tex Perkins como auténtico motor del grupo, Spencer Jones es la puñetera definición del Rock and Roll, Brian Hooper luchando por mantenerse en pie, Tony Pola con esa mirada como si estuviera de vuelta de todo, y como no, Charly Owen, uno de los guitarristas más imaginativos que he escuchado jamás, que seguro conocen bien los que disfruten del imprescindible "Distemper" de los New Christs. Estas personalidades únicas ofrecieron un concierto intenso, incendiario y sin fisuras. Luego, al poco tiempo, llegó un trabajo nuevo, "Little Animals", un disco que no defrauda y que está a la altura de sus mejores obras, incluido ese doble disco recopilatorio de rarezas que tanto me marcó. Actualmente, Los Beasts of Bourbon, se han sacudido las malas pulgas, y por lo visto se han separado de nuevo. Pero no importa, al fin y al cabo siempre se han tomado los Bourbon como una banda secundaria, y quizás dentro de un tiempo, si aún siguen vivos (ellos y nosotros) vuelvan con más ganas y fuerza que nunca.

Empezando por el principio, The Beasts of Bourbon, nacieron en Sydney (Australia) en 1983 como un proyecto paralelo, compuesto por miembros de Dum-Dums (Tex Perkins), Hoodoo Gurus (James Baker), Johnnys (Spencer Jones) y Scientists (el gran Kim Salmon y Boris Sujdovic), aunque con el tiempo la formación ha ido cambiando. Debutaron en 1984 con "The Axeman's Jazz", un disco grabado con 3 duros y en directo en una tarde cualquiera, pero con unos resultados apabullantes que oscila entre el Country, el Blues pantanoso y Rock and Roll regado de whisky en la tradición del "Exile on Main Street" de los Stones, con ataques epilépticos de Blues y Rock and Roll que evocan a los Cramps o Gun Club.

The Beasts of Bourbon, como se ha dicho antes, es un proyecto secundario para dar rienda suelta a los sagrados mandamientos de la mala vida, y permanecen en estado de hibernación hasta 1988, fecha en que se separan The Scientists, y de paso el resto de los Bourbon aprovechan para salir de sus cavernas y publican "Sour Mash". Para muchos su mejor disco, con diferencias significativas respecto a su debut. Cambian el Country por el Blues, el Punk por la música industrial, pero independientemente de estilos, es un disco vibrante, de fuerte personalidad, y sobre todo repleto de grandes canciones. En "Pig" y "Hard for you" suenan provocativos, "Driver man" es un viaje al núcleo de todas la adicciones, en "Hard Working Drivin' man" rinden homenaje al Capitán Beefheart, "Flathead" sigue los esquemas "ruidistas" de los añorados Scientists, "Watch your step" es un blues ortodoxo y amenazante, "Today i started loving you again" es una sobrecogedora balada que recuerda el estilo Country de sus inicios.

Los Bourbon son ante todo una banda de directo, y en esta época giran por todo el mundo creándose una especie de culto en países como Alemania. Este reconocimiento les envalentona y son capaces de tocar cualquier estilo que se propongan (Blues, Jazz, Doo Wop, Rock and Roll, Pop o Rumba bastarda), pero siempre con un toque lleno de enfermiza intensidad y gusto por experimentar. Finalmente esta rúbrica se plasma en "Black milk" de 1990, que ahonda más el camino trazado por "Sour Mash" pero de manera más excéntrica y radical. Desde mi punto de vista, aunque no sea de "fácil escucha", es su mejor trabajo. "I'm so happy i could cry" es un dardo de dolor de moribundo desamor, "Hope you find your way to heaven" es el epitafio perfecto, "Cool fire" rememora su toque Country primerizo, "Bad Revisited" y "Excution Day" son himnos que no envejecen siempre presentes en su repertorio, "Blue Stranger" es un sorprendente tema de Doo Wop clásico, "El Beasto" es un oscuro experimento semi instrumental, e incluso reviven a Hound Dog Taylor con la tremenda "Let's get Funky", otro clásico de su repertorio en directo.

Posteriormente sacaron "The Low Road" (1991), luego se separaron y como despedida publicaron el imprescindible recopilatorio de rarezas "From the Belly of the Beasts", citado al principio. En 1997 volvieron de nuevo con "Gone", ya sin la formación original. Al poco se separaron de nuevo, hasta su última reunión del 2004, período en el que parieron un disco en directo ("Low Life") y otro estupendo trabajo de estudio con canciones nuevas ("Little Animals").

Hace escasos meses el sello discográfico Bang! records, ha reeditado los tres primeros LP's del grupo en una jugosa caja, con el formato original de los discos, un librito con anotaciones de todos los miembros del grupo involucrados, con las letras de las canciones, un bonito póster para decorar tú habitación en tus noches oscuras, e incluso contiene algún tema extra sin desperdicio. En definitiva, se trata del sueño húmedo de cualquier fan del Rock and Roll australiano, amante de sensaciones fuertes y pupilas dilatadas.



Los Bourbon en su segunda visita a Madrid con el consiguiente mosqueo de Tex Perkins debido a algún problema "técnico"

jueves, 14 de enero de 2010

Roky Erickson, "I think of demons"

Roky Erickson fue, y todavía es, uno de los héroes perdidos del Rock and Roll. Su influencia ha sido decisiva en la música Psicodélica, de Garage y Punk. Desde que empezó su andadura con los Spades en 1965, hasta su favorable situación actual, han pasado muchas cosas. Días de gloria al frente de los texanos 13th Floor Elevators, una de las mejores bandas de los 60, con ese sonido de "Jug" característico lleno de mala leche como si de un Buddy Holly en ácido se tratara. A finales de los 60 las drogas duras terminaron con el sueño hippie y también llevaron a Roky Erickson a un sanatorio mental donde le diagnosticaron esquizofrenia, enfermedad que le mantuvo alejado de la actividad musical durante largas temporadas. La vida de Roky no ha sido fácil, durante bastantes años ha estado malviviendo en un diminuto apartamento en Austin con su grave enfermedad y una pensión que apenas le daba para comer. Por suerte en el 2001 su hermano, un prestigioso músico clásico de tuba, obtiene la custodia de Roky y financia sus gastos sanitarios, facilitando así su mejora física y mental, y actualmente Roky Erickson ha vuelto a retomar su carrera, ofreciendo conciertos, e incluso se dice que en los próximos meses va a publicar un álbum con nuevas canciones con colaboraciones de buenos amigos como Billy Gibbons de ZZ Top.

Roky Erickson es de esos compositores e intérpretes tocados por una mano divina, y al igual que otros casos clínicos como
Syd Barrett o Skip Spence, en su locura está parte de su genialidad. Sin esas mentes alteradas no hubiera sido lo mismo. Sus canciones nos permiten acceder a expansivos e irreales universos en un viaje de ida y vuelta, que en el caso de Erickson nos lleva de la mano por toda esa contracultura de monstruos y películas de terror de serie B, con un estilo teñido de una extraña fuerza y sensibilidad a flor de piel.

Entre toda su desperdigada (y breve) discografía, uno de los momentos más inspirados de Roky fue al frente de
The Aliens. Sus orígenes se remontan a 1974, cuando publican el single "Two headed dogs" producido por su colega Doug Sham, un clásico inmediato repleto de inolvidables estrofas ("two headed dog, two headed dog, i've been working in the Kremlin with a two headed dog"), con una guitarra fuzz que arrasa los sentidos. Posteriormente de nuevo los problemas de salud mantienen apartado a Roky durante una buena temporada, y aunque tiene un montón de canciones en el horno, no es hasta 1980 cuando Roky Erickson and the Aliens editan esos temas de manera oficial. El disco se llama "I think of demons" y es una auténtica obra maestra. Lo produce el ex-Creedence Stu Cook y el trabajo que hizo fue magnífico. Aunque el sonido es más "limpio" y se echan de menos los furiosos ataques de fuzz de alguno de sus singles, se puede apreciar hasta el más mínimo detalle el collage de guitarras que gobierna cada minuto disco.

"I think of demons" no es hard-rock, ni psicodelia, ni punk, simplemente es clásico Rock and Roll, captado por el ojo de una mente alucinada y genial, de un intérprete único capaz de emocionar con cada fraseo de su voz y nota de su guitarra. El disco contiene doce gemas desde mi punto de vista perfectas. Cada canción se eleva sobre las demás, y si una es buena, la siguiente es mucho mejor, y así hasta llegar al final. En "allmusic" le dan una raquítica puntuación de tres estrellas sobre cinco, pero es igual, solo hay que dejarse llevar por el hechizo de la música para disfrutar de estas canciones, que por otra parte son muy asequibles y directas.

En
"I think of demons" recuperan "Two headed dog", en una versión menos incisiva que el single, pero con más matices en unas guitarras que cobran vida propia. "I think of demons" posee un riff rotundo, como los sacados de los viejos discos de Creedence o de "Sweet Jane" de la Velvet, con una melodía abrasadora que cautiva al primer instante. "Creature with the atom brain" es un sólido medio tiempo, con leves pinceladas de fuzz que añaden un poco de veneno. El Rock and Roll más clásico se hace evidente en la frenética "Don't shake me Lucifer", que bien podría haber firmado Little Richard, o la conmovedora "I walked with a zombie", única balada del disco, una fantástica puesta al día del Rock and Roll de los años cincuenta. "The wind and more" es fuerza bruta, auténtica dinamita donde el muro de guitarras explota en la cara, y en el medio la emocionada voz de Roky Erickson. "Night of the Vampire" como dice el título, revive al mismísimo Drácula con una credibilidad que da miedo, gracias al opresivo ambiente creado por guitarras fuzz y unas efectivas notas de órgano. "It's a cold night for alligators" es un impresionante tema arropado con sencillos riffs mientras varias guitarras solistas intercambian flujos de electricidad, siempre al servicio de una voz que lo llena todo. El resto de canciones no bajan el listón, cada surco del disco funciona perfectamente, tan preciso como el engranaje de un reloj, tan intenso como un ataque de locura, en una danza macabra de electricidad que rinde homenaje a toda la historia del Rock and Roll junta.

"Night of the vampire" es solo una muestra de la grandeza de "I think of demons"




jueves, 7 de enero de 2010

The Solution

Ann Harbor (Michigan) fue una de las cunas del Proto Punk que vio nacer a los seminales Stooges, pero también a los Rationals, banda de Garage surgida en 1964 liderada por Scott Morgan, personaje básico que ayudó a modelar el "sonido Detroit", desde su privilegiada posición de guitarrista y dotado cantante, al frente de los citados Rationals primero, y años después de la Sonic's Rendezvous Band, tremendo super grupo que resumía un modo de entender el Rock gracias al portentoso muro de guitarras elaborado por Scott Morgan y Fred Smith, sin olvidar la musculosa sección rítmica de Gary Ramussen (bajo) y Scott Asheton (batería).

Hacia 1980 la Rendezvous Band se separa y Scott Morgan vaga por pequeñas salas. Está visto que el incendiario Rock and Roll no estaba en su mejor momento de popularidad, pero en 1993 unos chavales suecos ponen la escena rockera patas arriba. Se llaman
Hellacopters y los cimientos de su música se asientan en los pilares básicos del "High Energy" (MC5, Stooges y Sonic's Rendezvous Band). En definitiva, es un buen momento para reivindicar a un olvidado Scott Morgan, y aprovechando el tirón escandinavo así lo hace Nicke Royale de los Hellacopters y forman The Hydromatics, todo un retorno al proteico sonido de la Rendezvous Band. Hay un problema, los Hellacopters tienen una apretada agenda de conciertos y Nicke abandona The Hydromatics para centrarse en su grupo principal, pero como veremos más adelante, aquí no termina la conexión Morgan-Royale.

A Scott Morgan el Rock and Roll de alto voltaje le sienta muy bien, pero también se siente cómodo con el
Soul y Blues, estilos que ha mamado desde crío, y es capaz de interpretar con convicción gracias a su poderosa voz. Por otro lado, Nicke Royale se siente tan atraído por el Punk como por el Death Metal (Entombed es otro de sus grupos), y al igual que Morgan, es un gran admirador de la música negra. Fruto de estas buenas vibraciones musicales en el 2003 nace otro proyecto conjunto de clásica inspiración Soul llamado The Solution. Los dos Otis (Redding y Clay), Johnny Taylor, Wilson Pickett, Sam Cooke, Don Covay, Ike and Tina o las producciones de Swamp Dogg son algunos de sus referentes, y esta vez Morgan y Royale guardan las guitarras afiladas, y en su lugar lucen elegantes trajes y una flamante nueva banda con todos los detalles del mejor Soul: completa sección de vientos, toques de vibráfono, órgano Hammond, piano, percusiones, grupo de chicas, y como no, Nicke Royale a la batería y Scott Morgan como guitarrista y cantante, con su voz de oro capaz de transmitir la intensidad de la mejor música Soul.

The Solution hasta el momento llevan publicados un par de LP's:
"Communicate!" (2004) y "Will not be televised" (2007). A pesar de ser un grupo paralelo creado para dar rienda suelta a su pasión por el Soul, parece como si llevaran tocando esta música toda su vida, la química es asombrosa, y aunque el estudio de grabación está en el frío Estocolmo y no en Memphis o Alabama, los discos suenan de maravilla; Nicke los produce y sin duda entiende el género y sabe lo que se trae entre manos. Por otra parte The Solution no se limitan al simple ejercicio de estilo, tienen su propio sello y aportan composiciones originales de gran nivel.

"Communicate!" del 2004 es un debut inmejorable. De principio a fin la banda vuela libre, se siente cómoda y suena natural. En total diez temas propios y tan solo un par de versiones de Curtis Mayfield y Tony Joe White (¡bien!) sin desperdicio. La inicial "Get on back" es una fiesta donde la potente batería marca la pauta, entra la voz principal y al momento la canción explota en un fuego cruzado de piano, sección de vientos y coros. "I have to quit" es otra maravilla con la guitarra trazando sencillos pero efectivos dibujos mientras la voz de Scott Morgan suena indomable y tierna a la vez. "My mojo ain't workin' no more" es mi favorita, uno de esos medios tiempos como los que ya no se hacen; de nuevo coros, vientos, guitarra, piano se aprecian por si solos y forman un "todo" al servicio de la canción. "Would you change your mind" no baja el nivel, y demuestra que el Soul es puro sentimiento, pero también música para bailar. "Phoenix" y sobre todo la excepcional "Soulmover" representan el lado más incendiario de la banda, genuino Rock and Soul al más puro estilo Mitch Rider and The Detroit Wheels, con mayor protagonismo de las guitarras pero sin abandonar los metales y coros característicos.

The Solution después de
"Communicate!" ofrecen algunos conciertos en Suecia e Inglaterrra, pero cada miembro de la banda tiene que atender sus obligaciones. Nicke Royale al frente de Hellacopters y Scott Morgan con Hydromatics (sin Royale) y Powertrane. The Solution están en estado de hibernación, hasta que en el 2007 despiertan con un segundo trabajo, "Will not be televised". Al igual que "Communicate!" el nuevo disco es una pequeña maravilla, la banda es prácticamente la misma, también produce Royale e incluso está grabado en el mismo estudio de grabación (en Estocolmo). Dentro de la preciosa portada de "Will not be televised" se esconden once temas, pero esta vez con más versiones y menos originales. Quizás los temas propios no sean tan convincentes como en "Communicate!", pero tampoco decepcionan ("Happiness" es una delicia), aunque se echa un poco en falta el enérgico Rock and Soul del debut. Suena "Hijacki' love", y solo esta pieza justifica la compra del disco, un viejo tema de Johnny Taylor que Scott Morgan interpreta con la maestría habitual donde suena una enigmática guitarra "wah wah" que atraviesa la canción como si de una penetrante descarga eléctrica se tratara. Tremenda también es la versión que se marcan de "Heavy makes you happy" de Staple Singers, con Morgan compartiendo voz principal con Linn Segolson (corista de la banda), como si de la gran Mavis Staples se tratara.

Y hasta aquí llega la historia de The Solution, que esperemos que continúe por mucho tiempo, aunque sea de forma intermitente. Con esto de la creciente popularidad del
"revival Soul", quizás exista la esperanza de que la banda salga de gira y les podamos ver por aquí. Aunque mucho me temo que para pagar a una banda de trece músicos, tendrían que vender muchas entradas, en un local amplio y a un precio poco popular, pero quién sabe... De todos modos siempre nos quedará Scott Morgan, que por suerte suele visitarnos con relativa frecuencia.

La memorable "My mojo ain't working no more":

martes, 29 de diciembre de 2009

John Paul Keith, "Spills and Thrills"

Se acaba el año y es tiempo de hacer listas de discos favoritos. Personalmente no compro demasiadas novedades y tiro más de reediciones (¡fantásticas las de Chuck Berry, Buddy Holly, Mudhoney, Damned o Beasts of Bourbon!) y abundante material usado. Aún así siempre caen algunas novedades; son pocas pero intensas, y de elegir un disco del año sería sin duda el debut de John Paul Keith and The One Four Fives, "Spills and thrills", ya no por la originalidad de la propuesta, ni por su actitud enrollada, sino por lo contrario, al pinchar el disco la magia se repite una y otra vez, el mismo cosquilleo que se siente al escuchar un gran disco, algo así como asistir a una fiesta con Chuck Berry, Booker T, Gram Parsons, Dave Edmunds o John Lee Hooker como invitados especiales.

Haciendo un poco de historia, John Paul Keith creció en Knoxville, Tennessee al ritmo de viejos LP's de Chuck Berry, Jerry Lee Lewis o Doug Sham. En 1994 formó parte de los V-Roys, un grupo de country-rock protegido por el mismísimo Steve Earle. En 1997 John Paul se mueve a Nashville para formar The Nevers, otra banda que obtiene muy buenas críticas. En 1999 The Nevers se separan y Keith forma junto a Ryan Adams, The Pink Hearts, uno de los múltiples proyectos paralelos del niño terrible Adams. En el 2001 se une a Stateside grabando dos álbumes, de nuevo con excelentes críticas. En el 2005 John Paul deja Stateside y emprende una nueva aventura, se mueve a Memphis, o lo que es lo mismo, una de las cunas del primigenio Rock and Roll, pero también hogar de clásicos modernos como Jack Yarber (Oblivians) o Harlan T. Bobo, con los que toca a menudo por los garitos de la ciudad.

Curiosamente, a pesar de que Keith tiene una trayectoria musical de vértigo, no es hasta este 2009 cuando se decide a publicar su primer disco en solitario con la ayuda de The One Four Fives, o lo que es igual, una de las secciones rítmicas más prestigiosas de la ciudad, con todos sus miembros curtidos en mil batallas. "Spills and Thrills" es como se llama el disco, y dentro de su carpeta a lunares negros y azules, con John Paul Keith y su flamante Telecaster en primer plano, se esconde tímidamente un trozo de plástico negro circular, un objeto inanimado que cobra vida propia al pincharlo en el tocadiscos, y te atrapa a la primera escucha. John Paul es un encantador y entusiasta del Rock and Roll, que hace realidad aquello que decía Lou Reed en 1970 ("A pesar de todas las amputaciones podías bailar con una emisora de Rock and Roll"). No inventa nada nuevo, ni lo pretende, pero tiene el don de apropiarse de estilos clásicos como Rhythm and Blues, Country, Soul, Pop y lo que se le ponga por delante. El disco está grabado en directo en el estudio, como debe ser, y aunque suena con fuerza no te taladra los tímpanos. El mágico esquema de dos guitarras, bajo, batería y órgano se repite, pero también incorpora algún precioso arreglo de Pedal Steel en los temas más country.

Las doce canciones de "Spills and Thrills" no tienen desperdicio. Suena "Lookin' for a thrill" y sin duda Dave Edmunds y Nick Lowe te guiñarían el ojo puesto en el pop de toda la vida. "Pure cane Sugar" es un nervioso Rock and Roll donde riffs de guitarra juguetean con un piano escuela Jerry Lee Lewis. "Secondhand heart" resucita el espíritu de la Sun Records con ese aire entre Country y Doo Wop. "She'll dance to anything" esta hecha para bailar hasta que salga el sol y tus tobillos no aguanten más; me encanta ese beat de batería con cierto toque latino que trae a la memoria la clásica "Watch your step", y enorme el solo que se marca John Paul. En "Cookie bones" la banda no disimula su admiración hacia Booker T. and the MGs, que como no podía ser de otra forma, el teclista Al Gamble se lleva el gato al agua, y para cerrar la primera cara del disco, "Let's get gone" es un Boogie que levantaría al mismo John Lee Hooker de la tumba.

Al dar la vuelta a "Spills and Thrills" uno se pregunta si el nivel se mantendrá. Las dudas se disipan cuando suena "Smoke in a bottle" que inmediatamente trae a la cabeza a los primeros Flamin' Groovies, aquellos que nos hicieron vibrar con el maravilloso "Supersnazz". Más pedal Steel y más country con "Otherwise", toda una delicia interpretada a la manera del sonido Nashville con una fuerte sensibilidad pop que es bienvenida. Los corazones rotos también están invitados a esta fiesta, y a continuación suena una preciosa balada llamada "Rock and Roll break your heart" que literalmente pone los pelos de punta. "If i were you" es lo más enérgico del lote, puro Pop, puro Reigning Sound, puro beat, puro optimismo; sencillamente una canción perfecta. Suena el rasgueo de una guitarra, canta John Paul y al poco entra toda la banda en su plenitud con "Too hip", un gran tema Rhythm and Blues hecho para bailar, beber y amar sin importar el orden. Esto se acaba, pero todavía no te quites los "zapatos de gamuza azul" y déjate llevar por ese "Doin' the devil's work" que renueva el lado más festivo del Rock and Roll, que nunca debería perder.

Después de este gran trabajo, solo pido un deseo a los reyes magos, encabezados por Chuck Berry: Que John Paul Keith y el resto de la banda se dejen caer por tierras españolas.

sábado, 7 de noviembre de 2009

The Clash, "At Shea stadium"

Estamos en 1982, los Clash actúan en el Shea Stadium de Nueva York ante miles de personas. Si a mediados de los 70 a Mick Jones, Joe Strummer y compañía les hubieran dicho que iban a llegar tan lejos no se lo creerían. Atrás quedaron los viejos tiempos de The 101'ers y London SS, una época rebosante de ingenuidad, comunas "squatters" en el corazón de Londres y mucha música. Folk y Rock and Roll clásico, pero también proto punk directo a la vena (MC5, Stooges, Deviants), y en el medio de todo ese vaivén, el Pub Rock tan en boga en 1975.

Los Clash fueron de los grupos más longevos de su generación, mientras que muchos de los grupos punk que surgieron como una exhalación se quemaron con la misma rapidez que una moda pasajera, Los Clash crecieron y experimentaron con diversas texturas musicales. Fueron grandes, incluso sus momentos más bajos son enormemente disfrutables, siempre con esa impronta tan personal que les hace únicos. The Clash grabaron un puñado de discos que cambiaron el curso de la música, fueron comprometidos, vibrantes y siempre arriesgados. La magia duró de 1976 a 1986, pero según algunos tuvieron que haberlo dejado antes. Quizás en sus últimos años fueran engullidos por los conflictos internos y personales, pero sobre todo por su propio éxito. Aún así su carrera fue brillante como pocas.

Volviendo a aquél 12 de octubre de 1982, The Clash compartieron cartel con David JohansenNew York Dolls) y The Who. En el mismo día coincidían 3 de los máximos exponentes de la música Punk en distintas épocas. The Who hacia mediados de los 60 arrasaron el sistema a golpe de feedback y melodía, New York Dolls a principios de los 70 aportaron maquillaje y guitarras asesinas y The Clash en la segunda mitad de los 70 pasión y compromiso. Aquél día los Clash se jugaban mucho, conscientes del numeroso publico, guapos y famosos incluidos, tenían que salir a por todas. Probablemente estuvieran nerviosos, se jugaban su prestigio al otro lado del Atlántico y debían apartar sus diferencias y fricciones internas, sencillamente tenían que funcionar de nuevo como una banda unida, y vaya si lo consiguieron.

Tras la introducción de Kosmo Vinyl, Joe Strummer suelta un "Welcome to the Casbah club", y a partir de ahí el grupo arroja un tema tras otro como si el tiempo no hubiera pasado, como en los viejos tiempos pero con la experiencia que da los años. El repertorio fue de lo más acertado, se trata de una generosa selección de algunos de sus mejores temas desperdigados por todos sus discos. Abren con un incendiario "London Calling" que es pura anfetamina a punto de explotar, Strummer presenta a Mick Jones para cantar "Police on my back", el estadio se viene abajo en una ovación única. Paul Simonon relaja los ánimos con los aires reggae de la fantástica "Guns of Brixton". De nuevo Joe Strummer se arranca con "Tommy gun", un single perfecto con categoría de himno. Quién piense que el rap y el hip-hop son incompatibles con el Punk-Rock ahí está "Magnificent seven" para rebatirlo, que empalma con un brillante "Armagideon time" de ascendencia Reggae.

Le damos la vuelta al disco y nos encontramos con "Rock the Casbah", un digno ejemplo de lo que debería ser la música disco según los Clash. A partir de ese momento la temperatura sube tema a tema y minuto a minuto hasta el final. "Train in vain" es el maravilloso tema oculto de "London Calling", que curiosamente es el de más proyección comercial; canta Mick Jones, y como no podía ser de otra manera la banda suena como un cañón pero sin perder los matices originales de la obra de estudio. "Career of oportunities" regresa a los tiempos del glorioso primer disco, con una versión convincente y llena de mala uva, donde pagan la deuda a los Ramones. "Spanish boms" de "London Calling" la odié la primera que la escuché, pero con el tiempo me fue atrapando, y la versión aquí interpretada no es ninguna broma, las guitarras crujen y al grupo se le nota que se mete de lleno en el tema. "Clampdown" pertenece de nuevo a su disco más celebrado ("London Calling"), y añade textura punk a toda esa fantástica colección de canciones. La versión presente es simplemente fantástica y queda propulsada por un comunicativo Joe Strummer. "English civil war" es otro encabritado himno punk incluido en su segundo álbum, y volviendo al estadio Shea, el grupo lo resucita de entre los muertos gracias al buen hacer de Mick Jones como guitarrista solista. Para concluir The Clash cierran con ese rompe-pistas cervecero que es "Should i stay should i go", con Jones y Strummer repartiendo "versos" y guitarrazos a diestro y siniestro, y de despedida, que mejor que hacerlo con "I fought the law", de ese chico tejano muerto en los 60 en extrañas circunstancias llamado Bobby Fuller, y como no, la versión aquí incluida no tiene fisuras, con ese respeto por el Rock and Roll clásico y esa clase innata que posee de la banda, y nunca mejor dicho.

"Police on my back" uno de los momentos iniciales y mejores del álbum


jueves, 22 de octubre de 2009

NRBQ, "Ridin' in my car"

NRBQ es uno de esos grupos al que tengo un cariño especial. Detrás de un grupo de culto seudo minoritario se esconden unos gigantes admirados por gente como Dylan, Paul McCartney o Keith Richards. Pero eso es lo de menos, lo importante son sus discos, cada uno de ellos una pequeña obra maestra del gran libro del Rock and Roll. Son discos que ganan enteros con el tiempo, con esa excepcional heterogeneidad y mestizaje característico. En sus discos cabe de todo: Country, Blues, Rock and Roll, Beatles, Sun Ra y cualquier estilo que se te pueda ocurrir, simplemente lo absorben todo para construir algo propio y original

Dice la leyenda que en los conciertos son capaces de tocar cualquier canción que se les pida y salir siempre bien del paso, nunca tienen una lista de canciones fija, es más, ni siquiera tienen lista, lo suyo simplemente es tocar y tocar. Los NRBQ son geniales, desde 1967, aunque sea en la sombra, llevan extendiendo su genialidad por el mundo en forma de pequeñas grandes canciones y discos maravillosos.

Discos como Scraps, Workshop, All Hopped Up o At Yankee Stadium los llevo en el corazón, pero si tuviera que elegir una canción suya me quedaría con “Ridin’ in my car”. Es “la canción”, simplemente perfecta, todos los detalles son una delicia: percusión, arpegios y el magistral solo de guitarra, la voz solista y los preciosos coros, y ese tímido teclado que llena de belleza hasta el rincón más oculto de la canción, y todo sin sonar ampulosos, no hay secretos, simplemente pura maestría y esa capacidad imnata, al alcance de muy pocos, de dar con la canción perfecta.

Gracias a Terry Adams y sus muchachos por los excelentes momentos que nos hacen pasar con sus discos, y recuerdos especiales a Steve Ferguson, tremendo guitarrista original de la banda que por desgracia ya no está entre nosotros.


martes, 1 de septiembre de 2009

Chuck Berry, "After School Session"

Chuck Berry es de los pocos mitos vivientes del Rock and Roll, y sin miedo a pillarse los dedos, se puede afirmar que ha sido de los intérpretes y guitarristas más influyentes de todos los tiempos. Que más da que algunos digan que siempre escribe la misma canción, o reproduzca el mismo solo de guitarra una y otra vez. Chuck Berry es un pionero, creador único y un gran compositor de canciones, quizás de los mejores. Prácticamente cualquiera que haya estado en una banda de Rock and Roll ha tocado sus canciones, la lista es enorme: Stones, Beatles, Hendrix, Dave Edmunds, Flamin' Groovies, Elvis, Buddy Holly y cientos más.

A pesar de la enorme influencia, y la exitosa carrera de Berry (en los años 50 y 60 basicamente), sus discos no son fáciles de encontrar (especialmente en formato LP), y no será porque sean malos, todo lo contrario, los trabajos de Chuck Berry, por lo general, son auténticas obras maestras que no se reducen a sus canciones más conocidas de siempre, son discos excitantes, divertidos, nacidos para disfrutar y muy variados estilísticamente, pero siempre con esa impronta personal tan característica.

Por fortuna, recientemente ha surgido un sello discográfico llamado Doxy Records, centrado en reediciones de clásicos de Jazz, pero también de Rock and Roll. Hasta el momento han publicado referencias de Buddy Holly, Bill Haley, Little Richard, Eddie Cochran, Everly Brothers y por supuesto Chuck Berry. El sonido de los discos es espectacular, además se respeta el diseño de portada original, y lo más importante, están editados en glorioso vinilo con un prensaje como es debido. El disco de Berry en cuestión es “After School Session”, ni más ni menos que su primer LP publicado en Chess records en 1957. En realidad es un disco recopilatorio de temas grabados entre 1955 y 1957 con la crema y nata de músicos de Blues de Chicago: Willie Dixon, Otis Spann, Jimmy Rodgers o Johnny Johnson son algunos de los protagonistas.

La reedición no contiene extras ni añadidos, ni falta que hace, los doce temas originales son suficientes para hacerte vibrar durante poco más de media hora. La ecuación del talento de Chuck Berry se resuelve por si sola gracias a definitivas canciones de Rock and Roll clásico (“Schoolday”, “Too much monkey business” o “Brown eyed handsome man”), poderosos instrumentales de Rhythm and Blues (demoledor “Roly Poly”, escalofriante “Deep feeling” y elegante “Berry pickin'”); y el Blues, como no, el Blues siempre está presente, unas veces de manera más ortodoxa, como en “Wee wee hours” con el majestuoso piano de Johnny Johnson de acompañamiento, o en “No money down” con el clásico riff prestado de “Hoochie coochie man”. También hay afortunadas baladas Pop (“Together we will always be” y “Drifting heart”), e incluso el bueno de Chuck se lo pasa en grande jugueteando con el Calypso latino de “Havana moon”, por no hablar de “Down bound train”, con esa tensión contenida que atraviesa la columna vertebral como una descarga eléctrica del alto voltaje. Simplemente la reedición del año.

"Down bound train", una joya oculta recuperada por los Nomads a mediados de los 80.


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