miércoles, 26 de diciembre de 2007

Stax Records

Siguiendo el trayecto por el sur de los USA, esta vez nos movemos desde Jacksonville hasta Memphis, con escala en Georgia, Alabama y Mississipi. Nuestro destino exacto es la avenida East McLemore, en concreto un pequeño teatro que constituyó el centro neurálgico de Stax records, o lo que es lo mismo, una de las principales cunas de música Soul y Rhythm and Blues surgidas en los USA en los años 60. Haciendo un poco de historia, Stax fue fundada por Jim Stewart y Estelle Axton en 1957, previamente con el nombre de “Satellite records”, y a partir de 1961 bajo el nombre de “Stax”. Entre los artistas más destacables del sello destacaron: Booker T and the MG’s, the Bar-Kays, Otis Redding, Sam and Dave, Rufus o Carla Thomas, por citar solo algunos nombres.

El sello comenzó siendo una independiente más dentro del panorama musical, pero Jerry Wexler (co-propietario de la poderosa Atlantic records), fascinado por el sonido de la casa, decide distribuir sus discos a nivel nacional con gran nivel de ventas, y no solo eso, la alianza y mezcla de músicos blancos y de color, contribuyeron a eliminar barreras raciales sin ningún tipo de discurso político. Simples canciones de tres minutos, en cierto modo, ayudaron a construir un mundo más humano y tolerante.

Llegamos hasta 1967, y debido al notable éxito de Otis Redding en 1966 en su gira por algunas capitales europeas, ciertos promotores deciden organizar una gira europea conjunta formada por artistas de Stax Records y alguno de Atco (subsidiaria de Atlantic): Booker T. And the MG’s, the Mar-Keys, Arthur Conley, Eddie Floyd, Sam and Dave, Otis Redding y Carla Thomas, son los músicos integrantes de la gira.

Con este año 2007 se cumple el cincuenta aniversario de la fundación del sello, y afortunadamente se han editado algunas cosas muy interesantes sobre Stax, como por ejemplo un DVD que recoge una actuación de esta gira conjunta bajo el título “Stax/Volt Revue Live In Norway 1967”.

El artefacto en cuestión contiene una de las últimas actuaciones de la gira ofrecida en Oslo, y el contenido simplemente es inmejorable. Al grabarse para la televisión noruega, la calidad de imagen en blanco y negro es bastante buena, y el sonido, grabado de la mesa de mezclas, es asombroso, incluso “defectos” como la sobresaturación de los micrófonos aportan encanto al asunto. La actuación no está del todo completa, pero de los 90 minutos totales, se han conseguido recuperar y restaurar unos 78, lo cual no está nada mal. El proyecto lo coordina Rob Bowman, musicólogo y autor de “Soulsville U.S.A: The Story of Stax Records”, por tanto, la calidad está garantizada.

Esta actuación cuenta con todos los miembros de la gira, excepto Carla Thomas, que debido a unos compromisos, voló a Chicago, para participar en unas actuaciones en favor de los derechos civiles.

Volviendo a Oslo, el concierto lo abre Booker T. And the MG’s. ¿Qué decir de una de las mejores formaciones que han existido nunca? Estos cuatro titanes fueron el “grupo de la casa” de Stax records, y participaron en los discos más influyentes del sello. Los cuatro integrantes forman una unidad: el estilo sobrio y elegante de Al Jackson a la batería, el bajo de Donald “Duck” Dunn llena los huecos vacíos, Booker T Jones es un dotado multi instrumentista, pero en esta ocasión se centra como influyente teclista para las generaciones venideras, y Steve Cropper, simplemente es el guitarrista rítmico por excelencia, la clase y estilo están presentes en cada nota que toca, y es la prueba concluyente que el dicho “menos es más” funciona a la perfección. Aparte es un dotado compositor y autor de un montón de clásicos interpretados por los mejores. En definitiva, auténtico sonido Stax.

Tras ser presentados, Booker T and the MG’s salen a escena con elegantes trajes y calzando botines estilo “Beatle” (el hecho de ir trajeado a una oficina es una tragedia, pero aquí todo cuadra perfectamente). Abren con “red beans and rice”. En USA fue cara B de single, pero en el Reino Unido consiguió ser un pequeño éxito, comienza con ciertos aires “jazz” pero al poco rato sube en intensidad para continuar con su mayor éxito: ni más ni menos que “Green Onions”, todo un clásico del Memphis soul, y quizás uno de los instrumentales más hipnóticos y atemporales. Aquí el ritmo es más rápido y varía considerablemente respecto al original; Steve Crooper puntea sobre dos notas, mientras el resto de la banda le acompaña sin pestañear, siempre bajo la atónita mirada del público noruego asistente. Parecen estar viendo a un grupo de otro planeta, y no es de extrañar.

video

Sin más demora, les toca el turno a los Mar-Keys: Joe Arnold, Wayne Jackson y Andrew Love, o lo que es lo mismo la sección de vientos que participa en la mayoría de grabaciones de la Stax en esa época. Interpretan “Philly dog”, “grab this thing” y “last night” en serie, empalmando uno tras otro, como si fuera uno solo. Son temas muy bailables, y las coreografías de los tres son de lo más divertidas, se mueven a izquierda y derecha continuamente, al tiempo que Al Jackson grita “grab this thing”, o el trompetista Wayne Jackson suelta un “all night long” para volver a la canción con más fuerza. Impecables.

Una vez introducida la banda a base de exquisitas interpretaciones, aparece un delgaducho Arthur Conley. No pertenece a Stax, pero si a Atco, y además se trata de un protegido de Otis Redding, pero con un talento incuestionable. Abre con una apabullante versión de “in the midnight hour”, y a continuación aborda “Sweet soul music” (compuesta y producida por Otis). Bañado en sudor, Conley alarga la canción, la banda improvisa y le sigue, canta fragmentos de otros temas, rinde tributo a Sam and Dave, Wilson Picket o James Brown, y por primera vez el “frío” público participa directamente elevándose de sus asientos, y cerrando de este modo su anfetamínica aparición.

Sin prácticamente dar tiempo a respirar aparece el gran Eddie Floyd. Quizás no sea tan explosivo como Arthur Conley, pero hay que reconocer que con su éxito reciente, “Raise your hands”, se mete al público en el bolsillo, y convierte una canción de menos de tres minutos, en siete minutos llenos de pasión y sudor. Eddie Floyd baja del escenario y se mezcla entre el público, cantando, abrazándose, bailando, e incluso en previsión de que ocurra una avalancha humana interviene la guardia nacional para calmar un poco los ánimos.

Otra cosa no sería, pero cada uno de los músicos participantes en la gira, trabajaban muy duro cada noche, se dejaban el pellejo y sudaban la camisa hasta la extenuación. Debido a que ni ellos mismos esperaban la acogida que iban a recibir por parte del público europeo, se veían obligados a dar el “do de pecho” en cada actuación. Finalmente la gira fue un éxito absoluto, y en capitales como Londres y Francia, eran tratados como si fueran los Beatles, algo que unos chicos de Memphis no imaginaban ni en sueños. A pesar de todo, el público de esta actuación, en Oslo, era un poco más duro y reservado, menos explosivo, pero a la vez más receptivo y preparado para escuchar.

Con Sam and Dave, los siguientes en actuar, ni el público más duro y exigente se podía resistir. Esta pareja termonuclear solamente con poner un pie en el escenario se convertían en pura dinamita, y a nadie dejaban indiferente. Independientemente de sus excelentes dotes vocales, Sam and Dave ofrecían un espectáculo inigualable. En este show interpretan algunos de sus recientes éxitos: “you don’t know like i know”, “hold on, i’m coming”, “when something is wrong with my baby”, más la versión de los Sims Twins, “sooth me”. La palabra más adecuada para definir el show es “cataclismo”. Todos los detalles son alucinantes; la forma en que uno transfiere el foco de atención al otro, mientras el que pasa a segundo plano da la espalda al público; los bailes de Sam al más puro estilo James Brown, la interacción con el resto de la banda, como cuando Dave hace partirse de risa a Duck Dunn, o Sam da la mano a Al Jackson en mitad de una canción; o cuando en mitad de “hold on, i’m coming” ambos simulan una discusión señalándose mutuamente mientras, literalmente, nadan en litros de sudor. Es impresionante como son capaces de generar climax tras climax y de encender a la multitud. Todo un testimonio único digno de verse.

Tras la catarsis colectiva provocada por Sam and Dave, el presentador da el relevo al “plato fuerte” de la jornada: el único e insustituible Otis Redding. Sam and Dave dejaron el listón muy alto, un nivel imposible de superar, pero si hay alguien que pudiera conseguirlo ese era Otis, y de hecho lo logró. Sin ser tan dinámico como Sam and Dave, simplemente con su presencia y magnetismo se metió al público en el bolsillo. No se trata de algo físico, es un sentimiento espiritual, se tiene o no se tiene, y Otis Redding lo tenía porque era la perfecta definición de “Soul”, una música para vibrar, divertirse, soñar, llorar y sentir.

Comienza con “Fa-Fa-Fa-Fa-Fa (sad song)”, pero mucho más acelerada que la versión que aparece en disco, y a los pocos minutos el público responde a la “llamada” de Redding; ya tiene al público en la palma de su mano hasta el final. Continúa con el clásico de los Temptations, “My girl”, que sirve de puente para la frenética versión de “Shake”, donde Al Jackson dobla el ritmo mientras Otis va de un lado al otro del escenario con el público completamente entregado. Sigue la personalísima interpretación del “Satisfaction” stoniano, y cuando parece que la banda va a descarrilar, suenan las primeras notas de “try a little tenderness”, o lo que es igual, siete minutos de pasión desbordada. Si en el disco la canción sube poco a poco de intensidad, en directo todos esos elementos de tensión son obviados, y al poquísimo rato la banda entra en combustión espontánea, parece que le vaya a dar algo a Otis, el presentador sale a despedirle, pero Otis regresa a escena hasta tres veces inyectando intensidad en el corazón de todo el público. Verdaderamente algo mágico.

Y esto es todo, nueve meses después de estas actuaciones, comienza el principio del fin. Otis Redding fallece en un accidente de avión, Sam and Dave firman para Atlantic Records dejando Stax, y Arthur Conley devastado por la muerte de Redding (su amigo y mentor) abandona la industria musical y se mueve a Europa. Eddie Floyd y Booker T and the MG’s siguen cosechando éxitos, y The Mar-Keys se convierten en reputados músicos de sesión al servicio de estrellas de relumbrón, desde Steve Winwood hasta Neil Young. Pero ya nada sería igual, llega el fin de una etapa, donde una pequeña discográfica consiguen el sueño de hacer llegar su música al corazón del todo el mundo, y esta actuación ofrecida por la TV de Oslo es buena prueba de ello.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Lynyrd Skynyrd

La primera vez que entré en contacto con Lynyrd Skynyrd, fue a través de la inolvidable película “Mask” protagonizada por Cher y Sam Elliott. La película está basada en un hecho real de un adolescente de 16 años con una enfermedad degenerativa, que vive en el seno de una comuna motera en algún lugar del sur de los Estados Unidos. En este escenario “Sweet Home Alabama” encaja como anillo al dedo aportando mayor expresividad a la película. Después llegó la increíble recopilación “gold and platinium”. ¿Quién con un mínimo de gusto por el rock and roll se puede resistir a piezas como “that smell”, “I know a little”, “down south jukin’” o la antes citada “Sweet home Alabama”? Creo que casi nadie, sinceramente.

También ocurre, que una facción del público de Lynyrd Skynyrd (al igual que otras vacas sagradas como Led Zeppelín, AC/DC, ZZ Top, e incluso Creedence) cae en la mera pose rockista teñida de “autenticidad”, uniformada de chupas de cuero, alimentada de Jack Daniels, y de paso un poco de música de Lynyrd Skynyrd como banda sonora. Por supuesto que esto no tiene nada de malo, pero a un servidor le carga bastante ver a tanto rocker clonado y cortado por el mismo patrón. Para colmo, si a esto unimos esa imagen de banda de forajidos construida a base de banderas sudistas, armas de fuego, navajas y Whisky en grandes dosis, puede convertirse en un grupo que puede caer bastante gordo.

Prejuicios aparte, y fijándonos únicamente en lo musical, Lynyrd Skynyrd fueron un de los grupos más importantes de los años 70. De una forma o de otra, el núcleo de la banda se formó a mediados de los 60 por Ronnie Van Zant como cantante y Allen Collins y Gary Rossington a las guitarras, cuando aún eran estudiantes de instituto, con nombres como “The Wild things”, “The Noble Five” o “One per cent”. Pero no es hasta 1972 cuando despegan definitivamente, cuando el prestigioso Al Kooper ve al grupo tocar en un club de Atlanta, y fascinado por las buenas maneras y con una fe ciega en la banda, rápidamente les pone en contacto con la discográfica MCA, y de paso produce los próximos tres primeros álbumes del grupo con acertado tino.

1973 fue un año definitivo para Lynyrd Skynyrd. En esta época se constituye la formación clásica con los añadidos de Leon Wilkeson al bajo, el teclista Billy Powell, Bob Burns a los parches y el ex guitarrista de “Strawberry Alarm Clock” Ed King. Las cartas estaban echadas, y el sonido perfectamente engrasado: 7 tipos perfectamente conjuntados, que practicaban una música basada en estilos tradicionales de blues, rock and roll y country. Nada nuevo, pero el ataque frontal provocado por sus tres guitarristas solistas les convirtieron en una auténtica máquina de demolición, a través de sus amplis escupieron memorables dosis de watios, encajando sin problema sonido hard-rock, proto-punk y garage.

No fueron ningunos malditos, tuvieron un gran éxito comercial en los 70, estuvieron en el lugar adecuado y en el momento justo, vivieron como auténticas estrellas hasta su trágico final. Todo un sueño para unos “paletos” del sur que convirtieron el Rock and Roll en su auténtico modo de vida. ¡¡¡Que les quiten lo bailao!!!

Discográficamente hablando se estrenan en el mismo año 1973. La criatura en cuestión se llama Pronounced Leh-Nerd Skin-Nerd, y produce Al Kooper. El disco para mi es uno de los mejores debuts que se han hecho, y todo un clásico de los 70. Ocho temas de cosecha propia donde Ronnie Van Zandt se muestra como un grandísimo compositor, y las guitarras atraviesan el organismo cual infarto de miocardio. Todas las canciones son estupendas: “i ain’t the one” a ritmo de “boogie boogie“, escupe perlas como esta (con homenaje a Nancy Sinatra incluído):


Got bells in your mind, baby
So won't you pardon me?
I think its time for me to move along
I do believe
Time for me to put my boots out in the street baby
Are you ready boots -- walk on

El espíritu de los Stones más etílicos está presente en “gimme three steps”; pero es en medios tiempos como “Simple man” donde se aprecia la auténtica dimensión y “profundidad” del grupo:

Mama told me when I was young
Come sit beside me, my only son
And listen closely to what I say.
And if you do this
It will help you some sunny day.
Take your time... Don't live too fast,
Troubles will come and they will pass.
Go find a woman and you'll find love,
And don't forget son,
There is someone up above

Vale, el texto puede sonar ingenuo, pero unido a la canción adquiere pleno sentido calando hondo en el corazón. Vamos, que aquí los chicos malos se ponen tiernos.

El blues de entre guerras escuela Robert Johnson está presente en “Mississippi Kid”, mostrando de paso su aprecio por las armas de fuego:

I've got my pistols in my pockets boys,
I'm Alabama bound.
I've got my pistols in my pockets boys, I'm
I'm Alabama bound.
Well, I'm not looking for no trouble
But nobody dogs me 'round.

Las letras no son lo que se dice “sofisticadas”, pero hay que reconocer que sabían ir al grano, a base de inmediatez y honestidad.

En este primer disco aparece su primer ataque a las listas de éxito. “free bird” es un sentido homenaje al por entonces recién fallecido Duane Allman, y a la larga se ha convertido en uno de sus temas más populares. Personalmente me parece algo “megalómana” y es de las que menos me gustan, pero hay que reconocer que el desbocado “crescendo” final guiado por las tres guitarras es alucinante. Para quitarse el sombrero.

Tras la edición de este asombroso trabajo, giran por todo el país teloneando a los Who. Con un único disco comienzan a probar las mieles del éxito, no está mal, ¿verdad? Pero esto no ha hecho más que empezar, sigamos pues adelante.

Estamos en 1974, y el grupo se consolida: Ronnie Van Zandt compone mejor, la banda suena más conjuntada y definitivamente consiguen su propia personalidad musical, si es que cabía alguna duda con su debut. “Second Helping” es el nombre del segundo trabajo (valga la redundancia), y es para mi su trabajo más completo, con mejores canciones y un sonido más brillante.Al igual que el primer disco, lo produce el ex “Blues Project”Al Kooper. Todo suena de maravilla, realmente es una gozada apreciar con nitidez el sonido de las guitarras, la exquisitez de Billy Powell al piano, todo ello combinado con una contundente sección rítmica, e incluso, en ocasiones, introducen metales con una clase difícil de describir. Como inciso, decir que estos discos se disfrutan mucho más en formato LP de toda la vida (son muy fáciles de conseguir y económicos) puestos a todo volumen hasta que caigan las paredes.

En cuanto al contenido, es intachable. Homenajean a Neil Young por partida doble: en la clásica “Sweet home Alabama” es citado y no sale muy bien parado:

Well I heard mister Young sing about her
Well, I heard ole Neil put her down
Well, I hope Neil Young will remember
A Southern man don't need him around anyhow

Curiosamente la respuesta de Young ante esta “inmortalización” fue algo así como que era un orgullo ser citado en una canción de Lynyrd Skynyrd. Por otra parte, en el grupo había grandes seguidores de Neil Young, así que todos tan amigos.

La otra referencia (indirecta) a Young es en una “drug song”. Si en “harvest” Neil Young compuso “the needle and the damage done”, Lynyrd Skynyrd responde con “the needle and the spoon” con un riff arrasador, tremendo solo de “wah-wah” y cantada en primera persona:

I've been feelin' so sick and tired
Got to get better, lord before I die
Seven doctors couldn't help my head, they said
You better quit, son before your dead

Sin comentarios, como siempre, directos al grano.

Siguiendo con los temas del disco, en “Swamp music” rinden tributo a una de las grandes leyendas del blues rural, el gran Son House, y en la preciosa “The Ballad of Curtis Loew” homenajean a un guitarrista de blues callejero con estas conmovedoras palabras:

Play me a song Curtis Loew, Curtis Loew
I got your drinking money, tune up your dobro
People said he was useless, them people are the fools
'Cause Curtis Loew was the finest picker to ever play the blues

Para confirmar que el punk siempre estuvo ahí, sin creador o fecha concreta, arremeten contra su casa discográfica (MCA) de forma cínica y brillante. La patada al hígado en forma de canción se llama “Workin’ for MCA”, la travesura no trascendió puesto que el nivel de ventas y popularidad de la banda, por entonces crecía considerablemente, y en esa situación mejor dejarlo estar.

Para terminar este impecable álbum, que mejor que cerrar con una apabullante versión del cancionero de JJ Cale. Se marcan un “Call me the breeze” de cinco minutos y medio que pasa en un suspiro. Una auténtica locura de Rock and Roll. Dinamismo a base de numerosos solos superpuestos de guitarras, vientos, piano... y yo me pregunto, ¿Qué pensaría el bueno de JJ Cale al escuchar “esto” por primera vez? Seguro que calló de espaldas.

Avanzamos hasta 1975 y el puesto de batería que deja Bob Burns lo cubre Artimus Pyle, y poco después es Ed King quién abandona, pero de momento graba con la banda su siguiente disco de título “Nuthin’ Fancy”. Lo vuelven a conseguir, de nuevo, bajo la producción de Al Kooper (será su última colaboración con el grupo), publican otro disco sobresaliente. El factor sorpresa no existe, pero juegan sus mejores bazas basándose en su clásico y musculoso sonido blues-rock, y sobre todo defienden sus nuevas ocho canciones con uñas y dientes, sin bajar el nivel compositivo ni lo más mínimo, todo lo contrario, cada vez sacan mejores canciones.

El sonido cercano al hard-rock con poderosos riffs está presente en la clásicas “Saturday nigh special”, “on the hunt” o “country boy”. Sus textos por muy manidos y tópicos que sean, en el contexto de la banda y de su música cuadran a la perfección. Esto es Rock and Roll y no se andan con rodeos.

En “on the hunt” cantan a la inmediatez sexual sin preámbulos ni pérdidas de tiempo:

Let me say one thing mama, sugar I do as I please
And if you wanna love me baby, I'm your man

“Country boy” pone sobre el tapete sus raíces campestres de manera clara y con orgullo:

New York City is a thousand miles away
And if you ask me, I'll tell you that's OK
Now I'm not trying to put the big apple down
'Cause they don't need a man like me in town
I pick cotton down on the Dixie line
Work hard all day tryin' to make a dime
But that's allright, that's OK by me
'Cause that's the way that it was meant to be

“Am i losin’” es una muy grata sorpresa más orientada a la música “Pop”, que recuerda al Neil Young más amable y accesible, el de “don’t cry no tears” por ejemplo. Billy Powell hace un excelente trabajo de órgano con un blues de toda la vida de título “Cheatin’ woman”. Por cierto, la impronta dejada por Powell al piano y órgano es fundamental en el sonido del grupo, y casi siempre está presente como perfecto complemento al muro de guitarras.

“Railroad Song” es un bonito homenaje a los “Hobos” en clave de Boogie. Esos personajes casi mitológicos que viven a salto de mata, y que tienen por único hogar un tren de mercancías que viaja por todo el país, es decir, la fuente de los auténticos “bluesmen”. En el tema citan al padre de la música country Jimmie Rodgers.

Cierran el disco con otro nuevo clásico de rock and roll sureño, “Whiskey Rock A Roller”, se trata de toda una declaración de principios, y condensa en unas pocas palabras las maneras de la banda:

Well, I'm a whiskey rock-a-roller
That's what I am
Women, whiskey and miles of travellin'
Is all I understand

Vaya, pura poesía en clave de Rock and Roll.

“Nuthin’ Nancy”, al igual que los anteriores discos, resulta ser un éxito de ventas que les permite estar de gira a lo largo y ancho del país. En 1976 sale publicado su cuarto LP, “gimme back my bullets”. Para ser fiel a la verdad, este no lo tengo, y el único tema que conozco es el que da título al álbum, y para nada desmerece al lado de sus mejores obras. Eso si, ya no produce el gran Al Kooper. Final de una etapa.

Lynyrd Skynyrd fue ante todo una banda de directo, y poco después de publicar “gimme back my bullets”, editan un doble LP titulado “One More from the Road” con el que consiguen entrar (de nuevo) en las listas de éxitos. Se trata de una excelente recopilación de temas de sus cuatro discos anteriores, más algún añadido propio (“travelin’ man”) y apabullantes versiones: la huracanada “Call me the breeze” de JJ Cale previamente aparecida en “Second helping”, “Crossroads” de Robert Johnson, y una magnífica interpretación de un viejo tema de Jimmie Rodgers (“T for Texas, T for Tenessee”) de nueve minutos, acercándose al concepto de jam band de los Allman Brothers, pero con un sonido más enérgico y afilado. Sin duda un gran álbum de grandes éxitos, y fiel reflejo de cómo se las gastaba esta gente en los escenarios.

Llegamos a 1977, y el fin está cerca. Son los años convulsos del punk: Ramones, Dead Boys, Sex Pistols, Clash… recogen la herencia de transgresores como Velvet Underground, Stooges, MC5, New York Dolls, Sonics o Modern Lovers. A pesar de que los tiempos están cambiando, Lynyrd Skynyrd no se separan ni una pulgada de su camino trazado. Continúan con su modo de entender la música como un “todo”, que va más allá de lo estrictamente musical: también es su modo particular de entender la vida.

Antes de comentar su siguiente disco, “Street survivors”, comencemos por el final.

El 14 de octubre de 1977 el avión en el que viaja el grupo se queda sin combustible y como resultado fallecen los pilotos, el guitarrista recién incorporado Steve Gaines, la corista (hermana de Steve) Cassie Gaines, y el gran Ronnie Van Zant, cantante de la banda.. Una tragedia, pero por lo menos dejaron como herencia “Street Survivors”, o lo que es lo mismo, uno de sus mejores trabajos y todo un éxito de superación musical. Genios y figuras hasta el final.

“Street Survivors” se editó dos días antes de la tragedia, y como anécdota, en la portada se ve a la banda envuelta en llamas, que tras el accidente, por respeto, se suprimieron de la carátula. Un ejercicio de autocensura perfectamente justificable.

La nueva incorporación de Steve Gaines como tercer guitarrista y sustituto de Ed King sienta al grupo muy bien; aparte de llenar el hueco dejado por King, aporta algunas excelentes composiciones: la pegadiza “you got that right”, un blues arrastrado de título “ain’t no good life”, pero sobre todo “I know a little” se alza orgullosa a ritmo de clásico y frenético rock and roll, con mucho más “balanceo” que “pedrusco”, es el tema ideal para animar un sábado por la noche con buena compañía y muchas cervezas.

El resto, se mueve entre material sobresaliente y glorioso, sin cabida alguna para lo mediocre, configurando un álbum de lo más sólido.

El disco abre con “What’s your name”, una historia sobre “groupies”, limusinas y la vida en la carretera, con un fuerte aroma a Rolling Stones y sección de vientos incluida.

“That smell” es, desde mi punto de vista, la canción definitiva de Lynyrd Skynyrd: posee un gran riff, magníficos coros, esos silbidos característicos de Ronnie Van Zandt, y por supuesto el sello de la casa guiado por el triplete Rossington-Gaines-Collins a las guitarras, pero por encima está la demoledora letra, todo un canto a la muerte. Parece como una especie de broma macabra del destino:

ooooooh that smell

the smell of death surrounds you

en la canción hablan de botellas de Whisky, cocaína, coches relucientes, agujas en el brazo y humo, pero ¿Quién iba a decir que algunos componentes desaparecerían en un ridículo accidente de aviación unos días después? Espeluznante y macabro al mismo tiempo.

“I never dream” se trata de otro tema que cuenta con la co-autoría del nuevo guitarrista Steve Gaines. La banda saca a relucir su lado más pop, melodías con gran gancho comercial, vibrantes guitarras acústicas, teclados de gran consistencia, y por encima de todo la bonita voz de Van Zandt.

Para terminar con este gran trabajo, la banda se desmarca con una sorprendente versión de Merle Haggard (figura de la música country que sigue la estela de Johnny Cash), se llama “Honky tonk night time man”. Agarrada a un ritmo frenético, destaca por un sonido nítido de saltarinas guitarras y un piano de estilo “barrelhouse” ideal para bailar en antros de dudosa reputación.

Para abreviar, “Street survivors” quizás sea su mejor disco, siendo únicamente superado por “Second Helping”.

Posteriormente llegó la oscuridad. Tras el accidente de avión, el grupo fue incapaz de tirar hacia delante, y se vio obligado a abandonar. Decisión lógica, por otra parte, ya que Ronnie Van Zandt era el cantante, compositor principal y alma mater del grupo.

En 1978 vio la luz “first and last”, un álbum póstumo de grabaciones primerizas fechadas en 1970 y otras posteriores más recientes, que finalmente quedaron fuera de los discos oficiales. El disco, como no podía ser de otro modo, es excelente, pero se nota que está formado por temas de diversa procedencia, y esto hace que no sea tan compacto como sus álbumes oficiales de estudio. Aún así es imposible resistirse a “down south jukin’”, “preache’s daughter” o “Wino”. Que demonios, ¡si es que todos los temas son impecables ejemplos de actitud y buen hacer “rock and rollero”!

Por último decir, que años después, en 1987 Lynyrd Skynyrd se juntan de nuevo, grabando y girando con distintas formaciones hasta el día de hoy. La verdad que no conozco mucho los discos post-Ronnie Van Zant, seguramente sean buenos trabajos, pero me temo que por buenos que sean no superan ni de lejos lo que hicieron en los años setenta. Lynyrd Skynyrd con sus virtudes y sus defectos, fueron un grupo que lo tenían todo, pero por encima de todo estaba su profundo amor por la música, y eso se nota en sus clásicas grabaciones. Vaya que si se nota.

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