jueves, 28 de agosto de 2008

Dennis Wilson, "Pacific Ocean Blue"

Dennis Wilson fue el hermano mediano de los Wilson y batería de los Beach Boys, uno de los grupos más influyentes de la música popular de todos los tiempos, en una época dorada, los 60, en que Rock and Roll y Pop eran uña y carne, pero posteriormente, a partir de los 70, ambos estilos se distancian, y salvo honrosas excepciones, los grupos o hacían POP o hacían ROCK, y la magia poco a poco se desvaneció, con la consiguiente pérdida de la inocencia de una música que en su día puso el mundo patas arriba a base de enérgicas canciones con la mirada puesta en el estribillo y la melodía perfecta.

The Beach Boys, como es bien sabido, en 1961 fueron de los máximos exponentes de la música
Surf, con sus temas que hablaban de soleadas playas californianas, coches y chicas. Pero más allá de “Surfin'”, “Surfin USA” o “Surfin safari”, los Beach Boys fueron auténticos creadores de canciones que alcanzaron el Crepúsculo de los Dioses del Rock and Roll con su clásico “Pet Sounds” de 1966.

Diez años después de la obra magna de Beach Boys, en 1976 su carrera estaba en un punto muerto, seguían vendiendo cientos de miles de discos gracias a recopilatorios de “oldies” (
“Endless summer”), pero creativamente sufrían un letargo artístico con mediocres trabajos como “15 big ones” (a pesar de contener algunas estimables canciones). Con este panorama, un Dennis Wilson que siempre había pasado desapercibido parapetado tras la batería, sentía la necesidad de escribir sus propias canciones y volar en solitario, y de la noche a la mañana el espíritu libre de los Beach Boys, el más salvaje, el indolente “punk” que jugueteó con la familia Manson siempre a la búsqueda de la fiesta sin final, pasó de estar eclipsado por el enorme talento de su hermano mayor (Brian), a elevarse como un músico, cantante e interprete único, capaz de emocionar con su ronca voz y sus asombrosas canciones repletas de alegría, tristeza, amor, desamor y en definitiva, canciones repletas de vida.

En 1977 sale a la luz
“Pacific Ocean Blue”, no solo el primer LP de Dennis Wilson, también es el primer disco de un Beach Boy en solitario, y el resultado impresiona a la primera escucha. Es un trabajo elaborado, con ricos arreglos, pero al mismo tiempo suena tan fresco y accesible como el disco de Rock and Roll más directo. “Pacific Ocean Blue” se grabó en los estudios del sello Brother (propiedad de los hermanos Wilson) en California, colaboraron viejos amigos y compañeros (su hermano menor Carl Wilson, Greg Jakobson, Bruce Johnston...), Dennis escoge a los mejores músicos de sesión (Hal Blaine de la Wrecking Crew de Phil Spector, Ed Carter, Jamie Jamerson...). Las canciones están llenas de suntuosos arreglos de vientos, percusiones, delicados teclados, e incluso hay un coro gospel que ensalza las canciones. A pesar de todo, los arreglos no abruman, no hay “lifting” musical alguno, y todo suena con una naturalidad apabullante. Son 12 temas que tocan la fibra sensible, desde la inicial “River song” con esas sensibles notas iniciales de piano, la entrada del coro al completo, y la voz de un Dennis Wilson que es un torrente de emoción pura. Más festiva resulta “What's wrong”, sobre una portentosa sección de vientos Dennis, en sus propias palabras, nos hace creer en el Rock and Roll. Con canciones como “Thoughts of you”, una de las mejores bandas actuales como Wilco, venderían su alma al diablo. Aunque Dennis tiene su propio estilo único y verdadero, ha tomado buena nota de su genial hermano mayor Brian Wilson, y “Time” es una buena prueba de ello, de una desnudez y belleza poco frecuentes. En definitiva, todas las canciones tienen su universo propio, crean adicción y muestran nuevos matices en cada nueva escucha, que varían según el cambiante estado de ánimo.

La reedición de “Pacific Ocean Blue”, publicada por
Sony Legacy, viene enriquecida con jugosos cortes nunca antes publicados, y un disco extra con el nombre de “Bambu (the Caribou Sessions)”, que incluye las sesiones de lo que se supone iba a ser el segundo disco en solitario de Dennis Wilson, pero por alguna extraña razón nunca vio la luz. Son canciones tan buenas o mejores que “Pacific Ocean Blue”, sin relleno alguno, que muestran a un Dennis Wilson con un profundo amor por la música; en sus propias palabras: “Todo lo que soy o seré está en la música, si quieres conocerme solamente escucha”.

Con trabajos como este da gusto comprar discos. No es una reedición cualquiera, aporta muchísimo valor añadido gracias a la desbordante cantidad y calidad de material inédito incluido, tiene una presentación de lujo con un fascinante libreto sobre la vida de Dennis Wilson y la gestación de “Pacific Ocean Blue”, pero lo más importante es el contenido, emocionantes canciones con un grado de pureza extrema, solo música salida de las tripas y del corazón con un grado de sensibilidad demasiado grande para este mundo.

Volviendo a Dennis Wilson, en 1977 salió a la venta
“Pacific Ocean Blue”, y unánimemente fue aclamado por lo crítica especializada. Por este motivo Dennis iba a hacer una gira de presentación del disco, pero finalmente se canceló, exactamente igual que la edición de su segundo disco “Bambu” que nunca vio la luz hasta esta excelente reedición del 2008, que por otro lado, nos muestra un simple boceto de lo que hubiera sido el resultado final del disco de no haber abandonado el proyecto en su día.

En diciembre de 1983, un Dennis Wilson fuera de control y deteriorado físicamente por el abuso alcohólico, al poco de cumplir 39 años murió ahogado accidentalmente en las costas de Los Angeles, a pesar de ser el único miembro de los Beach Boys que había practicado Surf. Es una pena que no se descubriera antes el genial talento de Dennis Wilson, y más aún, que no viviera para contarlo a las nuevas generaciones, pero vivió rápido, murió moderadamente joven y aludiendo a una de sus mejores canciones (“He's a bum”), desgraciadamente al final explotó.

viernes, 22 de agosto de 2008

Etta James, primera parte: 1954-1959

Jamesetta Hawkins, alias Etta James, nuestra heroína en esta ocasión, nació en Los Angeles en 1938 , en una época de duros conflictos bélicos (primero fue la Segunda Guerra Mundial y al poco la guerra de Corea). Una vez superadas las guerras y los costosos desembolsos militares, desde mediados y finales de los 40 la economía norteamericana empezó a florecer. Se generan nuevos puestos de trabajo, aumenta la calidad de vida y el poder adquisitivo, y la cultura del ocio toma más relevancia. Más en concreto, en la costa oeste se abren cantidad de clubs de música en directo, y surgen un montón de bandas de Rhythm and Blues. La escena musical de Los Angeles a mediados y finales de los 40 estaba representada fundamentalmente por Louis Jordan, uno de los máximos exponentes de música “Jive”, que no es otra cosa que una forma de Rhythm and Blues mucho más bailable y animado, acompañado por una tórrida sección de vientos deudora de la música Swing de los años 30, con un sonido que es fiel reflejo del optimismo y bonanza que vive la sociedad norte americana en esa época. Aunque Jordan es el artista más popular hay muchos otros: líderes de bandas como Johnny Otis, Roy Milton o Joe Liggins se recorren el país de costa a costa para tocar en multitud de locales. En esta época surgen continuamente nuevas estrellas: Wynonie Harris, Fats Domino, Roy Brown... y por supuesto aparecen los primeros grupos vocales fuertemente influidos por la música Gospel: Clovers, Orioles, 5 Royales...

Con este panorama no es de extrañar que la joven Etta James se sintiera fuertemente atraída por el Rhythm and Blues, pero no es ninguna novata, con tan solo 5 años entra a formar parte del coro de una iglesia baptista de Los Angeles, y tiene como mentor y maestro al profesor James Earle Hines, cantante gospel de posguerra que graba para la discográfica independiente Modern Records. En 1950 desgraciadamente muere la madre adoptiva de Etta, y se traslada a vivir a San Francisco donde reside su madre natural, Dorothy Hawkins, de origen afro americano que tuvo a Etta James con tan solo 14 años.

Etta lo tenía claro, desde la primera vez que escuchó los discos de su adorada Billy Holiday quería ser cantante profesional. También se sentía inclinada hacia el estilo gospel de Sister Rosetta Tharpe, y sus característicos gritos acompañados por su primitiva guitarra; pero el gran éxito que Dinah Washington estaba consiguiendo en esa época, convenció a la joven Etta de que ella también podía hacerlo. Establecida en San Francisco, con tan solo 14 años forma su primer grupo vocal con dos compañeras del colegio, las hermanas Abbye y Jean Mitchell, y Etta como voz principal. El grupo se hace llamar The Peaches, que es también el apodo de Etta James. Poco a poco incorporan algunas canciones propias a su repertorio, e inmediatamente el joven conjunto se recorre el circuito de clubs de la ciudad, dentro de las limitaciones de unas adolescentes menores de edad.

En 1954 Johnny Otis llega a la ciudad de San Francisco para actuar un par de noches en el mítico Fillmore Ballroom. Aparte de músico, Otis es un cazatalentos e intuitivo hombre de negocios siempre a la búsqueda de la nueva sensación que pueda hacerle rico. Casualmente Otis consigue presenciar una actuación de las chicas en un pequeño club de la ciudad, y cae rendido ante el talento y poderío de Etta, tal es así que Otis arregla a las chicas una sesión de grabación en Los Angeles.

En contra de los deseos de la madre de Etta, The Peaches viajan a Los Angeles y en 1954 realizan la sesión de grabación para Modern records. El resultado es el single “Roll with me Henry” con “Hold me, squeeze me” como cara B. En estas sesiones participa la banda de Johnny Otis al completo, pero también Richard Berry (más conocido por ser el autor de “Louie, Louie”) acompañando a Etta como voz solista. “Roll with me Henry” es una respuesta al reciente éxito de Hank Ballard and the Midnighters, “Work with me Annie”, y rápidamente consigue escalar los primeros puestos en las listas de Rhythm and Blues, no es de extrañar, la grabación es un número bailable muy pegadizo que se acopla a la perfección a los gustos de la época. Suena increíblemente fresca, pero sobre todo destaca la profunda voz de una Etta de 17 añitos que canta como si le fuera la vida en ello, una voz repleta de fuerza y vitalidad, elegante y sexy al mismo tiempo. Como anécdota, las calenturientas mentes censoras cambiaron el nombre de la canción por “The Wallflower” a pesar de tener una letra de lo más inocente.

Al poco tiempo (1955) The Peaches se separan, pero Etta James continúa en solitario, y gracias al éxito de “The wallflower” sale de gira con grandes nombres como Little Richard o Billy Doggett, y graba fabulosos nuevos temas como “Hey Henry”, tan bueno o mejor que “The Wallflower”, con ese duelo cruzado entre saxofones y piano, de nuevo con Etta dando lo mejor de si misma, con su forma de cantar sucia y salvaje, pero también inocente y espontánea. “Good rockin' daddy” consigue de nuevo ascender a las listas de éxitos a base de bailable Rhythm and Blues, género que por entonces estaba mutando en los nuevos sonidos de Rock and Roll popularizados por un jovencísimo Elvis Presley. Otros temas de este período son “Crazy feeling”, “W.O.M.A.N” de los tiempos de The Peaches (compuesta como respuesta a “I'm a man” de Bo Diddley), o “That's all” de su admirada Rosetta Tharpe, pero en clave de Rock and Roll. Son canciones de ortodoxo Rhythm and Blues, pero interpretadas por Etta James (y la banda de Maxwell Davis) se transforman en piezas maravillosas con la misma vigencia ayer, hoy y siempre.

Entre 1956 y 1957 Modern records graba las siguientes sesiones para Etta, ni más ni menos que en el legendario estudio J&M de Cosimo Matassa en Nueva Orleans, de nuevo bajo la supervisión de Maxwell Davis. Los músicos de Etta en esta ocasión son nombres míticos como Lee Allen, Dave Bartholomew, Earl Palmer, Justin Adams y Harold Battiste, todos ellos veteranos que han grabado las canciones más populares de Little Richard o Fats Domino. “Rough lover” compuesta por la propia Etta, es un frenético Rock and Roll lleno de sensuales gruñidos, palmas y un solo de saxo tenor de la casa, como solamente Lee Allen sabe hacerlo, en la misma línea de temas como “Long tall Sally” de Little Richard; a estas mismas sesiones pertenecen maravillas como “Baby baby everynight” con unos inolvidables coros a modo de respuesta, “How big a fool” es una emocionante balada que Etta canta con total entrega y convicción. “Market place” comienza sosegado, pero rápidamente suenan los saxos que acompañan a un impresionante solo de guitarra, mientras, de nuevo, la sugerente voz de Etta James cautiva de inmediato. Nuestra dama es una virtuosa cantante con una calidad incuestionable, pero sobre todo es una intérprete única, canta con el alma y con el corazón, y es capaz de transformar canciones mediocres en auténticos pelotazos de Rhythm and Blues con una primitiva intensidad, pero siempre con una clase y distinción sobrenatural.

En 1958 y 1959 Etta graba más material para Kent records (al igual que Modern, propiedad de los hermanos Bihari). No baja el listón lo más mínimo, el material sigue siendo excelente y Etta siempre está a la altura de las expectativas. De este período destacan algunos duetos de Etta con su compañero sentimental en aquellos días, Harvey Fuqua (cantante principal del legendario grupo vocal The Moonglows), son temas que se mueven hacia terrenos más estilo Doo Wop e incluso comerciales, y muestran a una versátil Etta James capaz de cantar el estilo que quiera y siempre bien. A estos años pertenecen cosas como: “If it ain't one thing”, un saltarín tema de Doo Wop con un alucinante solo de guitarra incluido; “I hope you're satisfied” es una bonita balada que muestra a la acaramelada pareja en acción; “We're in love” se trata de un pegadizo Rock and Roll con fuerte potencial comercial, pero inexplicablemente pasa desapercibido por el público.

Los hermanos Bihari tenían muchas esperanzas puestas en Etta James pensando que iba a conseguir múltiples éxitos, pero lo cierto es que a pesar de su grandísima calidad como cantante (y compositora), Etta solo logra un par de ellos en 4 años, y Kent records decide no renovarle su contrato discográfico, así de cruel e inhumano es el negocio discográfico. A pesar de todo, quedándonos con la parte positiva, Etta James dejó un impresionante legado discográfico para Modern y Kent, compuesto por varios singles y un LP (editado años más tarde, en 1961). En lo negativo, en 1959 una joven Etta James con tan solo 21 años, se ve en la calle, sin contrato discográfico y con el corazón roto en pedazos, y para colmo adquiere un creciente hábito al consumo de heroína que la llevará por el camino de la amargura durante muchos años.

La desilusión de Etta no duraría mucho; gracias a su talento innato, en 1960 unos avispados hermanos Chess (de Chess records) ponen sus ojos en ella y le ofrecen un nuevo contrato discográfico, y esta vez sí, se convierte en una cantante de gran éxito con cambios sustanciales estilísticos. Esta vez se mueve hacia terrenos más melódicos y orquestados, abundan las aterciopeladas baladas, pero los resultados siguen siendo deslumbrantes, todo lo que toca Etta James lo convierte en oro. En la segunda parte del artículo trataremos, en la medida de lo posible, el período Chess de una de las cantantes de Rhythm and Blues, Soul y Rock and Roll más grandes de todos los tiempos, que por cierto, a sus 70 años, todavía sigue en activo ofreciéndonos excelentes discos.

martes, 12 de agosto de 2008

Manfred Mann

Otro verano más atrapado en la gran ciudad, con esos insoportables calores que le hacen a uno sentirse más muerto que vivo. Para colmo parece que el mundo se desmorona: esa alarmante crisis energética, alimenticia y económica parece no tener fin, el duro conflicto territorial entre Rusia y Georgia provoca miles de muertes inocentes, y para colmo, mientras se celebran los lúdicos juegos olímpicos de Pekín, los Derechos Humanos se ven más pisoteados que nunca.

No todo es malo en estos días extraños, en este año 2008 por suerte, el bien más preciado de la humanidad, que es el Agua, no es tan escaso como otras veces. Aunque en la gran ciudad no hay costa uno puede “surfear” por todos los bares de la zona a base de refrescante cerveza helada; pero sobre todo, haga calor o frío, nuestra querida música siempre está ahí, con su mágico y seductor poder para alejar momentáneamente los problemas del día a día. Esa música de Rock and Roll que en el cálido verano fluye como una refrescante e inagotable fuente, y en los gélidos fríos del invierno se muestra como un acogedor refugio de vuelta a casa.

Esta vez nuestros protagonistas son los únicos e irrepetibles
Manfred Mann, o lo que es igual, otro de los grandes grupos británicos de Rhythm and Blues de los años 60, que junto con Rolling Stones, Animals, Yardbirds, Pretty Things, Zoot Money o Graham Bond Organization configuraron un excitante sonido que partía de las fuentes del Blues norteamericano de Muddy Waters, Howling Wolf, Bo Diddley o T-Bone Walter, para adentrarse de lleno en los caleidoscópicos e ilimitados horizontes de música Pop, Sicodelia e incluso Hard Rock.

Manfred Mann, siempre fueron distintos del resto, fueron auténticos músicos académicos, y su música estaba influida por igual, tanto por el Rhythm and Blues como por el Jazz. Se formaron en el Londres de 1962 bajo el nombre de
Mann-Hugg Blues Brothers. El núcleo estaba compuesto por el teclista de origen Sur Africano Manfred Mann y el batería Mike Hugg, que también tocaba el vibráfono. El resto de la banda la completaban Mike Vickers a la guitarra, Dave Richmond al bajo (sustituido al poco por Tom McGuinness), y el estupendo cantante y armonicista Paul Jones, más el ocasional añadido de una sección de metales.

Al contrario que la mayoría de sus grupos colegas contemporáneos, el sonido de Manfred Mann no estaba basado en las guitarras. Aunque el órgano y piano eran los auténticos protagonistas de su sonido, incorporaron otros instrumentos como flauta, vibráfono, saxofones, y por supuesto mucha armónica. Estaban tremendamente influidos por el Blues, pero su música también hablaba el jazzistico idioma de
John Coltrane, Miles Davies, Bill Evans y Ornette Coleman. Por decirlo así, eran unos músicos cultos, pero también “rock and rolleaban” como auténticos posesos dotando su música de un gran sentido del Groove, es decir, música llena de toneladas de diversión, tremendamente bailable y repleta de “Swing”.

Manfred Mann tenían grandes composiciones propias, pero también eran excelentes intérpretes de temas ajenos. Entre algunas de sus mejores versiones de su primera época, entre 1963 y 1965, están la frenética
“Groovin’” grabada originalmente por Ben E King, el clásico “Watermelon man” del jazzman Herbie Hancock con ese estupendo riff de órgano que se entrelaza con un sugerente saxofón, mientras Paul Jones canta y toca la armónica de manera magistral. “Watch your step” es una excelente recreación del clásico de Bobby Parker, con percusión de estilo caribeño, urgente riff de bajo, saxo, órgano... todo funciona de maravilla. No faltan homenajes a los grandes de la Chess records: Bo Diddley (“Bring it to Jerome”), Muddy Waters (“I’ve got my mojo working”, “Hoochie coochie man”) o Howling Wolf (“Somkestack lighting”). Fascinante resulta “I put spell on you” del gran Screaming Jay Hawkins, donde la rabia original es sustituida por una personalísima versión llena Swing y “balanceo”. Tampoco podía faltar el tributo al gran Ray Charles, y su “Sticks and Stones” que los Manfreds la convierten en toda una explosión de ritmo.

En cuanto a temas originales propios, Manfred Mann dijeron muchas cosas y muy buenas.
“5, 4, 3, 2, 1” les catapultó hacia el éxito internacional a ritmo de Rock and Roll, y se convirtió en sintonía del programa musical “Ready, steady, go!”. Se trata de un acelerado tema que bebía de las aguas de Bo Diddley, tanto como “Cock a hoop”, otro evidente tributo a nuestro gafotas favorito de la guitarra Gretch de forma cuadrada. La banda al completo se presentaba en sociedad con la fantástica “One in the middle”, con el consiguiente lucimiento de cada miembro del grupo. Mención aparte merece esa asombrosa habilidad de los Manfreds para componer hipnóticos y penetrantes Blues arrastrados, es el caso de “Did you have to do that”, “Without you” o la alucinante “What did i do wrong”.

A partir de 1966 las cosas empiezan a torcerse, hay cambios constantes de formación, entre otros
Jack Bruce entra a formar parte de los Manfred durante un período breve de tiempo, hasta que abandona para formar parte de unos tales Cream. El cantante Paul Jones es reemplazado por Mike D’abo, pero ya no es lo mismo, a partir de 1969 Manfred Mann se vuelven más experimentales, y la banda toma un rumbo más Jazz-Rock e incluso sinfónico. A partir de 1971 Manfred Mann son historia y pasan a llamarse Manfred Mann’s Earth Band con un errático camino que oscila entre el Rock progresivo, Mainstream y AOR, cuya trayectoria continúa a día de hoy, pero sin duda poco tiene que ver con sus primeros tiempos, cuando eran una entusiasta banda de genuino Rhythm and Blues y Jazz que hicieron vibrar a toda una generación.

miércoles, 23 de julio de 2008

The Easybeats

De nuevo volvemos a Australia, y ya van unas cuantas veces que este destartalado Autobús Mágico se pasea por las antípodas, tierras generadoras de excitantes y vibrantes sonidos de Rock and Roll. Esta ocasión los protagonistas son The Easybeats, y en su momento, entre 1964 y 1969, facturaron una serie de canciones y discos de una calidad abrumadora. Fueron profetas en su tierra alcanzando el éxito masivo. Con “Friday on my mind”, su mayor éxito, tocaron el cielo, pero finalmente factores como la incomprensión del público hacia unas canciones cada vez más elaboradas, problemas financieros, el desgaste de las continuas giras y el abuso de estupefacientes, hicieron mella en el grupo y en 1969 se despidieron.

Los Easybeats a pesar de criarse y comenzar su andadura musical en Australia, ninguno de sus miembros es australiano, todos proceden de familias europeas emigradas por el efecto devastador de la Segunda Guerra Mundial: el cantante Stevie Wright y el batería Snowy Fleet procedían de Inglaterra, el guitarrista rítmico George Young de Escocia, Harry Vanda y Dick Diamonde, guitarra solista y bajo respectivamente, de Holanda.

Los miembros del grupo no eran ningunos novatos, en el pasado tocaron en otras bandas, siendo la más reseñable The Mojos, uno de los grupos más importantes de Liverpool donde Snowy tocó la batería. Los Easybeats en su primera etapa a pesar de estar bastante influidos por los Beatles, brillaron por su extraordinaria capacidad para dar con la melodía perfecta, pero también por sus dosis de energía y urgencia juvenil alojadas en cada una de sus canciones, sonaban limpios pero también muy compactos. Sobre la dinámica sección rítmica, se puede escuchar la estupenda voz de Stevie, mientras las tintineantes guitarras trazan su camino a base de increíbles melodías y sentido del ritmo, algo así como un encuentro imposible entre Beatles y Shadows propulsado por la energía rock and rollera de Little Richard. Para más inri sonaban originales, no caían en la copia descarada y prácticamente todo el material que grabaron fueron composiciones propias de una calidad incuestionable.

Los Easybeats comienzan su carrera musical en Sydney hacia 1964 bajo el auspicio de Ted Albert, propietario de Albert Productions (una de las productoras discográficas independientes más legendarias de Australia) y dueño de un instinto musical único que se reflejaría en sus producciones para el grupo. En 1965 los Easybeats publican su primer single, “For my woman”, un tema orientado al garage-punk fuertemente influido por The Kinks, después llegaría “She's so fine”, con la que ascienden al número uno de las listas de éxitos australianas, y al poco sacan su primer LP de nombre “Easy”. Sencillamente se trata de una obra maestra del sonido Liverpool influido por grupos como Hollies, Searchers o Beatles, y un clásico absoluto para todos los que creemos en la canción como fuerza liberadora, dos minutos y medio que te aíslan de los problemas y te transportan a mundos llenos de vibrantes melodías, ricos juegos de voces y excitantes guitarras. “Easy” está producido por Ted Albert y contiene 14 temas, compuestos por George Young y el cantante Stevie Wright, unas veces más pausados (“I wonder”, “Girl on my mind”), otras inciden en el Rock and Roll más directo (“Ya can't do that”, “I'm a madman”), pero siempre convencen y emocionan con canciones perfectas en estructura y ejecución (“It's so easy”).

En 1965 la “Easymanía” en Australia es un hecho, al grupo le sobra carisma, y conecta a la perfección con la juventud de la época gracias a su brillante repertorio, pero también a los tremendos conciertos que ofrecen a lo largo y ancho del país. Los esquemas del primer LP se repiten con el segundo, de nuevo produce Ted Albert y lleva por título “It's 2 easy”. Sale al mercado a principios de 1966, y es otra impepinable lección de talento magistral basado en la canción. El eje compositivo Wright-Young se consolida, y el productor Ted Albert saca lo mejor de la banda con 14 fascinantes nuevos temas. De nuevo los Easybeats en ocasiones se muestran más fieros (“Women”, “Come and see her”, “Wedding ring”), sacan brillo a su lado más sensible (“in my book”), coquetean con emocionante folk-rock (“you are the light”), llegan a alcanzar el climax gracias a los juegos de voces marca de la casa (“easy as can be”), e incluso Snowy (el batería) nos transporta al Liverpool de principios de los 60 (“what about our love”). Pero ojo, la soberbia “then i'll tell you goodbye” la firman los dos guitarristas, Harry Vanda y George Young, y es un pequeño anticipo de las grandes cosas que están por llegar.

El nivel de popularidad de los Easybeats crece, cual gigante comiéndose el mundo, y en Australia son tratados como dioses, con todas esas escenas de fans que dan auténtico pavor: histerias colectivas, desmayos, colapsos nervioso... En 1966 el ritmo de actuaciones del grupo es agotador, giran continuamente, pero a pesar de todo, entre concierto y concierto, les da tiempo a grabar su tercer disco, con el original título de “Volume 3”. Otra vez produce el “mago” Ted Albert, y de nuevo consiguen otro soberbio disco plagado de supremas canciones. Siguen componiendo Wright-Young, ¡y de que manera!, el disco lo abre “Sorry”, uno de los temas más importantes del grupo, pero también más duro: posee un incendiario riff, sonido más sucio y próximo al proto-punk, juegan con el “feedback”, pero siempre con ese sentido único de la melodía, y esas fantásticas voces tan peculiares. La evolución de los Easybeats hacia sonidos más ásperos se aprecia en otros temas como “you said that” o “not in love with you” donde utilizan efectos de distorsión como el “fuzz”, pero siempre al servicio de la canción y la melodía. El resto del material es de lo más brillante, y para variar oscila entre preciosos temas de puro Pop marca de la casa (“say you want me”, “dance of the lovers”), festivo Rock and Roll (“funny feelin'”, “my my my”), o emocionante folk-rock (“can't you leave her”, “the last day of may”).

Llegados a este punto, mediados de ese gran año tan importante para la historia del rock and roll que es 1966, los Easybeats tocan techo en Australia. Entre 1965 y 1966 consiguieron múltiples éxitos: “For my woman”, “She's so fine”, “wedding ring”, “I'll make yo happy” o “Sorry” entre otros. Ante esta situación es lógico que el grupo se planteé conseguir el mismo éxito en Inglaterra y USA, y a finales de 1966 los Easybeats trasladan su residencia a Londres, en una época de plena efervescencia cultural y artística, que configuró el “Swinging London”.

El traslado de país no es el único cambio importante que sufre el grupo, hasta el momento el peso compositivo de los temas de Easybeats lo lleva George Young y Stephen Wright, pero Wright realmente es más showman y frontman que músico, y Young necesita un auténtico músico para llevar a cabo las ideas que fluyen por su cabeza. Este soporte lo consigue del guitarra solista del grupo Harry Vanda, y con el tiempo, el equipo Vanda/Young se convertirán en uno de los tandems de compositores más dotados y prolíficos de la música Pop hasta bien entrados los 80.

Una vez establecida la banda en Londres, graban unas sesiones con su productor de siempre (Ted Albert) en los míticos estudios de Abbey Road, pero la discográfica UA las rechaza y despiden a Ted Albert. Su lugar lo ocupa Shel Talmy, que en el pasado había trabajado para Who o Kinks entre otros, y juntos graban “Friday on my mind”, escrita por Vanda-Young, y uno de los mejores y más originales temas de los Easybeats. La canción es maravillosa de principio a fin, sobre un extraño riff de guitarra seudo oriental, se desarrolla un cuento de trabajo y escapismo juvenil, con la mente puesta en el fin de semana para salir de la rutina, en la mejor tradición de clásicos del Rock and Roll como “Rock around the clock” o “Summertime blues”, pero adaptada a los tiempos presentes de 1967. La interpretación de Stevie Wright y el resto de Easybeats es perfecta, mantienen la tensión y transmiten pura convicción. La respuesta del entusiasta público no se hace esperar: en 1967 triunfan en todo el mundo (número 1 en Australia, 6 en Inglaterra, 16 en USA...).

En esta época (1967) Vanda/Young componen nuevos temas más ambiciosos y elaborados, mientras giran por distintos países para captar nuevas audiencias, destacando la entusiasta respuesta de Alemania, y por supuesto, sus fieles fans australianos. Este es el período más dulce para los Easybeats, consiguen el preciado éxito mundial, y en lo creativo la pareja Vanda/Young componen mejores temas que nunca, explorando nuevas y arriesgadas fórmulas de hacer música. Algunos maravillas de esta época, aparte de la apoteósica “Friday on my mind”: “Made my bed (gonna lie in it)”, cara B de “Friday on my mind”, donde recuperan el Rock and Roll más directo con toques de Garage de los primeros tiempos. El siguiente single “Who'll be the one” y “Saturday night” es otra joya, “who'll be the the one” es una sabrosa pieza donde en poco más de dos minutos mezclan sicodelia, Pop en estado puro y el Rock and Roll más clásico. Pero “Saturday night” la iguala o supera, de nuevo el mejor Pop lleno de bonitas voces se equilibra con el Rock and Roll clásico y sus rítmicas guitarras, y todo esto sin sonar pretenciosos ni sobrecargados.

Su siguiente single contiene “Heaven and Hell” y “Pretty girl”, otra vez dos exquisitas y originales creaciones Pop, pero con el inconveniente de que “Heaven and Hell” sería censurada por las hipócritas autoridades británicas; según ellos contenía claras alusiones sexuales, pero la doble lectura es que las autoridades querían cortar cualquier señal de exceso y promiscuidad en el Londres de mediados de los 60, y para ello tenían que buscar cabezas de turco como en su día fueron los Rolling Stones, o hundir a las bandas mediante la acción de la implacable censura, como fue el caso de los Easybeats entre otros muchos. La censura hace mella en el grupo, y se pasan 6 meses sin publicar ningún tema, pero no significa que estén parados, todo lo contrario, echan muchas horas en el estudio de grabación experimentando con nuevos instrumentos, secuencias de acordes, arreglos, y en general todas las geniales ideas que se les vienen a la cabeza.

Parte de estas composiciones ven la luz de manera oficial en el año 1968, eso sí, sin la colaboración del imprescindible Snowy Fleet (batería) que abandonaría el grupo por cuestiones familiares, y sería sustituido por Tony Cahill (anteriormente en los australianos Purple Hearts). El nuevo LP se llama “Vigil”, y de nuevo consiguen publicar otra obra maestra, 14 nuevas canciones producto de la experimentación y evolución de los últimos meses, llenas de pianos, secciones de cuerdas y vientos, preciosos juegos de voces, guitarras, y en definitiva toda una orgía de música donde cabe de todo: Sicodelia, Soul, Rock and Roll, Pop de cámara, y en definitiva preciosas canciones que van más allá de un estilo en concreto. Es imposible resistirse a temas como “Good times” salpicado por el piano de Nicky Hopkins (el “hombre de sesión” por excelencia), con un brutal riff de guitarra, y de fondo la estelar colaboración de Steve Marriott haciendo coros con ese característico chorro de voz. “Falling off the edge of the world” en palabras del mismo Lou Reed, “es de las canciones más bellas que he escuchado nunca”. Con “Hello how are you” es imposible no caer rendido a su empalagoso magnetismo. En esta ocasión el grupo tira de alguna versión, y se marcan un “Hit the road Jack” de Percy Mayfield que ni pintado, ¡cielos que bien canta Stevie!, y el piano de Nicky Hopkins suena a gloria pura; incluso canciones más tontorronas e intrascendentes como “we all live happily together” convencen de manera sobrenatural. “I can't stand it” es otra muestra de poderío vocal, únicamente arropada con rítmicas guitarras, piano y una fabulosa armónica. En definitiva, todas las canciones son excelentes y contribuyen a hacer de “Vigil” una gran obra de Pop de su tiempo.

Desgraciadamente el público no estaba preparado para recibir estas enormes canciones, y en su día pasaron bastante desapercibidas. Muchos acusan a la banda de dispersión estilística y no seguir en una dirección, pero visto con la perspectiva del tiempo ahí es donde reside su grandeza, los Easybeats eran unos músicos inquietos e inconformistas, incapaces de tomar un único rumbo musical, su talento les pedía de manera espontánea explorar nuevos horizontes, y consiguieron adentrarse en los recovecos más profundos de la música Pop, pero siempre con un delicioso sentido de la diversión, porque sobre todas las cosas los Easybeats fueron una “good time band” con el único propósito de llenar de felicidad a todo aquél dispuesto a escuchar sus tremendas canciones.

Finalmente el grupo se separa en 1969, más que por falta de éxito, por problemas de management, desavenencias entre los componentes y abuso de ciertas sustancias. Después de la separación del grupo, algunos de los miembros de Easybeats siguieron su camino musical en solitario, destacando la asociación de Harry Vanda y George Young como un equipo de compositores y productores de éxito, pero esa es otra historia.

Actualmente hacerse con discografía de los Easybeats es relativamente sencillo, el sello Repertoire con los años ha reeditado todos sus discos en CD con abundante material extra. Para los amantes del vinilo, en 1999 Retroactive records sacó un glorioso doble LP con todos los singles de los Easybeats editados en el Reino Unido y USA, se llama “gonna have a good time” y es una auténtica gozada. Este año, para regocijo de los fans y ruina de nuestros bolsillos, el sello Downunder ha reeditado los cuatro LP's oficiales del grupo con un sonido sobresaliente donde se puede apreciar hasta el más mínimo detalle de esta increíble banda.

Este artículo está dedicado a Bon Scott y al resto de los muchachos de AC/DC, tan directamente ligados a los Easybeats.

sábado, 12 de julio de 2008

Mudhoney, "The lucky ones"

Mudhoney fueron conocidos por ser unos de los máximos representantes del movimiento Grunge allá por finales de los 80 y principios de los 90. Dicho movimiento se inició en el noroeste del pacífico, y más concretamente en Seattle, pero no fue hasta 1990, con Nirvana y su éxito mundial “Smells like teen spirit”, cuando el “Grunge” se presentó a la juventud de todo el mundo de manera masiva, y surgieron un montón de bandas similares que bebían de las fuentes del Punk y Hard Rock. Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains, Screaming Trees, y por supuesto, Green River y Mudhoney fueron algunos de sus protagonistas. Bajo la premisa “Basura pura, ruido puro, mierda pura” definían su sonido y actitud, pero al final, como suele suceder en estos casos, esa “pureza” se convirtió en una mera transacción comercial.

Personalmente la mayoría de grupos de la época del “Grunge” siempre me han parecido aburridísimos, pero Mudhoney molaban, eran distintos al resto, divertidos, tenían un irónico sentido del humor, su sonido era más “garagero”, pero sobre todo los discos eran muy sólidos y estaban llenos de grandes canciones. Recuerdo la primera vez que escuché “Every good boy deserves fudge”, literamente me voló la cabeza, esas canciones estaban más en sintonía con la música de garage y high-energy con la que me nutría entonces. Más de 17 años después, el movimiento Grunge se ha convertido en humo y la mayoría de sus grupos representantes han desaparecido. En el caso de Mudhoney, en 1999 anunciaron su retirada con un flamante e imprescindible triple recopilatorio de toda su trayectoria (“March to fuzz”), pero sorprendentemente en el 2002 volvieron con “Since we've become translucent”, uno de sus mejores trabajos, con sus guitarras distorsionadas de siempre, pero pasadas por el “Space rock” de Hawkwind y enloquecidos saxos free jazz de fuerte ascendencia Stooge por la vía del "Funhouse".

En el 2006 editaron “under a billion suns”, en la misma línea que “Since we've become translucent” consiguiendo de nuevo otro soberbio disco. Con motivo de la presentación de “under a billion suns”, el año pasado Mudhoney giraron por España, y tuve la suerte de verlos en Madrid en una sala de pequeño aforo como El Sol. Ese concierto lo colocaría entre mis 10 favoritos de siempre. Unos Mudhoney pletóricos descargaron parte de su repertorio; por un lado temas extraídos de sus recientes discos, mezclados con sus incandescentes clásicas tajadas, con un sonido demoledor, mejor si cabe que en los discos, pero sin necesidad de reventar los tímpanos del respetable. Lo más sorprendente del show fue cuando el cantante Mark Arm aparcó su guitarra para centrarse únicamente en su papel de cantante y frontman, dejando a Steve Turner solo a las 6 cuerdas. A partir de ese momento el grupo empezó a escupir nuevos temas dejando al público totalmente estupefacto: canciones breves que sabían ir directamente al grano, con una banda en estado de gracia y funcionando de maravilla. Pues bien, más o menos un año después del concierto ofrecido en el Sol, el último trabajo de Mudhoney aún está calentito y recién sacado del horno. Se llama “The lucky ones” y contiene ni más ni menos que esas tremendas canciones que tocaron en el tramo final de aquél concierto.

Todas las reseñas que he leído de “The lucky ones” están cortadas por el mismo patrón: “Disco correcto pero con el discurso de siempre”. Quizás desde mi posición de “fan” no sea objetivo, pero este nuevo trabajo me parece otro triunfo: honesto, sin pretensiones, directo, divertido y sencillo. No hay arreglos de vientos, solo voz, guitarra, bajo y batería, pero sobre todo 11 temas sobresalientes donde no miran ni adelante ni atrás, sino al “ahora”. Como dicen en “I'm now”: “The past made no sense, the future looks tense, I'm now”. Mudhoney no engañan a nadie, sus influencias se distinguen claramente en sus canciones: Stooges, Blue Cheer, Rock Sicodélico, Garage, Punk, Rhythm and Blues o Hardcore son sus señas de identidad. A estas alturas está claro que no van a sacar un trabajo vanguardista ni marcarán la última tendencia, ni falta que hace, lo más importante es que aún son capaces de hacer vibrar con excelentes temas, unas veces más rabiosos, otras más densos, pero siempre marcados por esos riffs distorsionados marca de la casa y una apabullante sección rítmica.

La primera cara de “The lucky ones”, para mi es prácticamente perfecta: “Next time” tiene un evidente parecido con “1969” de los Stooges con ese “beat” a lo Bo Diddley, la antes citada “I'm now” es de lo mejor de lote; con la estupenda “and the shimmering light” depuran algo su sonido y se mueven a terrenos de preciosista pop sicodélico. “Inside over you” es tan directa como su clásica “Touch me i'm sick” pero con texturas más pantanosas y sicodélicas, y un adictivo riff que te voltea las tripas. “The lucky ones” es otro tema de furia Stooge que supura inconformismo por vía auditiva, con distorsionadas guitarras tan dañinas como las mentiras de esos bultos sospechosos llamados “políticos”.

La cara B del disco se abre con la apocalíptica “The open mind” y sus desalentadoras reflexiones (“la mente abierta es una mente vacía, por eso mantengo la mía cerrada”). “What's this thing?” es un sabroso blues deudor de la British Invasion de los años 60, “Running out” posee otro incisivo riff marca de la casa. “Tales of terror” es el tema más estilo “hardcore” del lote y el particular homenaje que hacen Mudhoney a la banda de punk del mismo nombre procedente de Sacramento. “We are rising” es un medio tiempo que no me acaba de llenar a pesar de tener estimables pasajes de ácidas guitarras, pero este pequeño traspiés se soluciona con “New meaning”, otro encendido tema que deja al oyente con ganas de otra nueva escucha de “The lucky ones”.

La edición en vinilo de “The lucky ones”, viene acompañada de un single de regalo con excelentes versiones de The Troggs y Pere Ubu, además de una clave para descargar el disco entero en formato digital a través de la web de Sub Pop. No hay excusa para conseguir este gran disco, ¿Quién da tanto por tan poco? ¡Larga vida a Mudhoney!.

viernes, 4 de julio de 2008

Swamp Dogg

Por increíble que parezca, Jerry Williams Jr., alias Swamp Dogg, es un perfecto desconocido para el gran público dentro de la música Soul. A pesar de haber trabajado con los mejores, ser un compositor, productor, intérprete y músico único, y en definitiva, un hombre nacido para la música, por alguna extraña razón no está en el lugar que le corresponde.

La primera vez que oí hablar de Swamp Dogg fue a través de Doris Duke y su increíble “I'm a looser” de 1969, para mi uno de los discos de Soul más emotivos de todos los tiempos. Doris Duke se vacía, y alcanza cotas de sentimiento que no dejan indiferente a nadie con un mínimo gusto por la música Soul y Rhythm and Blues. “I'm a looser” no hubiera sido lo mismo sin el toque mágico de Swamp Dogg, quién produce y aporta la mayoría de las composiciones del disco, con un sonido conducido por una sólida sección rítmica formada por los mejores músicos de Muscle Shoals, mezclado con unos delicados arreglos de cuerdas y emocionantes orquestaciones a cargo de su inseparable colega Richard Rome desde los días de Calla records, pero siempre manteniendo el carácter directo y sincero del mejor Soul del sur profundo de los Estados Unidos.

Los inicios de la carrera de Mr. Swamp Dogg, se remontan a finales de los 50 como fiel imitador de Little Richard, bajo el nombre de Little Jerry, y en los 60 obtuvo algún éxito moderado, como la brillante “Baby you're my everything” de 1966. Poco a poco se fue haciendo con una reputación gracias a su incuestionable talento como cantante y compositor. Tras estar en múltiples independientes como Loma, Calla, es en esta época, mediados de los 60, cuando Swamp compagina su carrera en solitario con labores de producción y composición para otra gente. El ritmo de producciones ajenas es impresionante, tanto por la variedad de discográficas para las que trabaja como por su calidad. Entre 1967 y finales de los 70 todo lo que toca este hombre lo convierte en oro, ya no en el aspecto comercial y empresarial, hablamos de auténticas gemas. Swamp Dogg es capaz de crear un clásico tras otro.

Durante 1967 y 1968 trabaja para Musicor (y su subsidiaria Rhythm and Blues Dynamo). Destacan tremendos pelotazos para los hermanos Inez & Charlie Foxx, con el clásico “(1,2,3,4,5,6,7) Count the Days” que sube a las listas de éxitos, el ex Flamingos Tommy Hunt, Gene Pitney desquitándose de su papel de baladista habitual para interpretar un explosivo “She’s a heartbreaker” lleno de vientos que haría palidecer a los mismísimos Mitch Ryder and the Detroit Wheels, que también consigue escalar las listas de éxitos. La calidad de Swamp Dogg como solista queda demostrada con “Run run roadrunner”, un clásico inmediato que por alguna oscura razón pasa totalmente desapercibida para el público.

Fuera de Dynamo, en 1968 tiene un breve encuentro con una pequeña independiente de Nueva York de nombre Botanic records. Únicamente graba 3 resplandecientes singles con temas de Little Charles and the Sidewinders, o el mismo Jerry Williams (Swamp Dogg) aporta una estupenda “Ship wrecked” que suena a clásico inmortal. En este período comienzan las fructíferas colaboraciones, pero sin apenas repercusión mediática, con el grandísimo Gary US Bonds. Juntos componen “I’m glad you’re back” que muestra a Bonds como lo que es, un tremendo vocalista lleno de emotividad.

En 1969 Swamp Dogg firma como A&R de Cotillion (subsidiaria rhythm and blues de la poderosa Atlantic) durante un corto período de tiempo. La figura de A&R (Artists and Repertoire) es una figura clave en la maquinaria de una discográfica, ejerce de cazatalentos, localiza productores, compositores, músicos, etc... está claro que Dogg es la persona adecuada para este cargo, conoce perfectamente el negocio musical, pero en esta época Jerry Wexler (socio de Atlantic) y compañía se vuelcan más en el mercado Pop rock blanco (Eric Clapton, Led Zeppelín, Yes, Stephen Stills...) y dejan el Rhythm and Blues más de lado, a pesar que gente como Wilson Picket o Aretha Franklin tienen gran éxito comercial. Pero no importa, el paso de Dogg por Cotillion no tiene tacha, trabaja con nombres legendarios como Drifters, Patti La Belle & the Blue Belles, C & the Shells, con resultados monstruosamente buenos, pero de nuevo sin ningún tipo de repercusión.

Swamp Dogg, insensible al desánimo, continúa su andadura hacia las alturas de la mejor música Soul, y en 1969, tras la salida de Cotillion inicia su periplo musical sureño trabajando para sellos como Canyon records y Mankind, dicho período va del 69 al 72, y básicamente el centro de grabación son los estudios de Muscle Shoals, en Alabama, no es la primera ni la última vez que hablaré de estos estudios de grabación que huelen historia de la música, tan legendarios como todos los huéspedes que los han habitado en uno o en otro momento, o como los músicos de la casa que formaron la Muscle Shoals Rhythm Section. En este período Swamp Dogg colabora con Kenny Carter, el super grupo Slick ‘n’ the Family Brick compuesto por el propio Dogg, Kenny Carter y Gary US Bonds, otros intérpretes son ZZ Hill y Obe Jessie, pero sobre todo destaca las colaboraciones con la inconmensurable Doris Duke. Esta dama del Soul es una consumada cantante que en el pasado colaboró en grabaciones de “grandes” como James Brown o Aretha Franklin, también fue una habitual del teatro Apollo de Harlem haciendo coros para todo el mundo que actuara en el mítico teatro neoyorkino. Sus colaboraciones con Swamp Dogg son imprescindibles, juntos grabaron un par de discos y algún single, y para expertos musicales como Dave Godin, su disco de 1969 “I’m a loser” es su favorito de todos los tiempos, y no es de extrañar.

Una vez finalizada su aventura sureña, en 1973 Swamp Dogg se mueve a discográficas independientes como Fungus o President, entre otras. Compone y produce a enormes vocalistas como Arthur Conley, con un increíble “Complication #4” que demuestra que este hombre va mucho más allá de “Sweet Soul Music”, también recupera a Ruth Brown, reina del Soul y rhythm and blues allá por los años 40 y 50 cuando grabó para Atlantic, e incluso con Eleanor Grant hace alguna incursión en la música disco con resultados, como no podía ser de otra forma, de lo más brillantes.

... y hasta aquí llega este artículo, pero la trayectoria artística y musical de Swamp Dogg llega hasta el siglo XXI, a día de hoy este hombre sigue grabando estupendos discos y girando por USA y Europa. Con cerca de 70 tacos una persona está en disposición de sentarse y disfrutar de un buen vino o una buena lectura, pero nuestro protagonista no, Swamp Dogg siempre ha sido un culo inquieto y temo que a estas alturas del partido siga así hasta que el cuerpo aguante. Por lo visto, su último proyecto es la publicación un nuevo álbum de los Manhattans, un grupo de Rhythm and Blues vocal en activo desde los 60.

Actualmente el imprescindible sello ACE records, está reeditando parte del fondo de catálogo y las producciones de Swamp Dogg de los dispersos sellos para los que trabajó, destacando el recopilatorio CD “Blame it on the Dogg” de cuyo libreto interior me he basado para hacer este artículo.

La maravillosa "What's so wrong with you loving me" por Kenny Carter inédita hasta el 2008



Doris Duke interpretando "Bad water" original de la única e irrepetible Jackie DeShannon



"Redneck" del propio Swamp Dogg incluída en su excelente disco de 1970 "Total destruction to your mind"


martes, 24 de junio de 2008

The Gun Club, "Fire of Love"

Hablar de Gun Club equivale a hablar de viejos blues del delta, pero también de furioso Punk-Rock californiano. Hablar de Gun Club es hablar de Jeffrey Lee Pierce, auténtica alma del grupo, carismático personaje lleno de contrastes, fue presidente del club de fans de Blondie, compañero de correrías de Kid Congo Powers (ex Cramps, ex Bad Seeds...), gran bebedor y adicto a la Heroína. Jeffrey Lee utilizó la música como vehículo para exorcizar sus demonios interiores, y su disco de 1980 “Fire of Love” es un trabajo tan inquietante como estremecedor, cargado de una extraña y fascinante intensidad, 11 temas clásicos con guitarras slide que resucitan a los viejos bluesmen del delta de Mississippi a base de rituales de Voodoo y magia negra con una pasión estremecedora. “Fire of Love” No se trata de una forma ortodoxa de hacer blues, o quizás sí, da igual, lo cierto es que Jeffrey Lee Pierce y los suyos consiguen su propio estilo de hacer blues con una peculiar mezcla de géneros tales como Country, Rockabilly y mucho Punk, y todo ello regurgitado con iconografías de amor, sexo, muerte y toxicomanías varias.

“Fire of Love” está conducido en todo momento por la irrepetible voz de Jeffrey Lee Pierce, tan frágil como poderosa, que da a la música una extraña locura, como si al sonar esas increíbles canciones sintieras la necesidad de asomarte al abismo y lanzarte al vacío sin redención posible.

“Jack on fire” es un preciso blues cargado de sulfurosa guitarra slide con certeras estrofas envenenadas que hablan de sexo, amor, maldad y muerte, con sabor al sur profundo americano.

“Goodbye Johnny” mantiene una tensión a punto de romperse, como si la vida pendiera de un hilo y ese hilo llegara a su límite, como un hombre roto caminando por áridos desiertos de desolación plagados de urgentes riffs de guitarras y baterías.

Los 6 minutos de “Cool drink of water” es una experiencia musical única que rememora a Howling Wolf, con Jeffrey Lee aullando cortantes frases de iconografía blues (“pedí agua y me dio gasolina”).

Con “Sex Beat” Gun Club tuvieron cierta repercusión en los lejanos días de 1980, y no es de extrañar, es un clásico inmediato, suena increíblemente fresca y directa, y posee un irresistible ritmo primario y anfetanímico al mismo tiempo. Solamente escuchar a Jeffrey Lee escupir “Sex Beat, go!” me dice más que la mayoría de bandas de hoy día.

El tema de hacer versiones de temas ajenos es delicado, se corre el riesgo de caer en la copia sin aportar absolutamente nada. En el caso de Gun Club hacen suya “Preaching the blues” original de Robert Johnson, o lo que es igual, una visión de blues pasada por la trituradora del auténtico Punk, lleno de locura, descontrol, desorden y caos; y por encima increíbles párrafos como:

“Gonna get religion, gonna joint the Baptist church
gonna be a Baptist preacher, so I don’t have to work”

“She is like heroin to me” es otra de las más conocidas, y a la larga uno de los temas más inflamables de Gun Club, lo tiene todo: atrevida, sincera, directa con un insistente y demoledor estribillo que te rebana el alma. Para mí uno de los grandes clásicos de la música punk de raíces, con un título que lo dice todo.

Más punk desde el infierno, un buen sitio para estar con toda esa parafernalia que tanto gusta a los Cramps: calaveras, sensuales diablesas y rockers de serie Z. “For the love of Ivy” es un intenso homenaje a “Poison Ivy” de The Cramps, compuesta a medias por Jeffrey Lee y Kid Congo Powers. Precisamente este último formaría parte de los Cramps y grabaría el imprescindible "Psychedelic Jungle”.

Si en 1979 Neil Young azuzaba las cenizas del Punk con frases como “es mejor quemarse que oxidarse”, Gun Club reivindican el espíritu del fuego como si de su Dios se tratara. “Fire Spirit” condensa toda la esencia del disco en cuanto a actitud e intensidad, con un estilo ligeramente más reposado e incluso más próximo a la música pop de los años 60, que forma otro de los grandes pilares del disco.

“Fire of love” está reeditado en España, y se puede conseguir vía Munster Records en resplandeciente edición de vinilo, y cuesta un poco más de lo que puede valer una copa adulterada un sábado por la noche. No hay excusa para no acceder a este maravilloso LP.

Mil gracias a Charly por descubrirme “Fire of love”

  © Blogger templates Brooklyn by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP